Cómo perderse en la megalomanía de los sueños.
En Hypnos, nos ponemos en la piel de Choron, un vagabundo atormentado por su pasado que persigue incansablemente a un misterioso niño sin rostro llamado Matthew que no deja de invadir sus pesadillas. Esta búsqueda lo lleva a cruzar el umbral hacia las Tierras del Sueño o Dreamlands, un plano donde las leyes de la física y el universo conocido se fracturan por completo.
El epicentro de nuestra aventura es la Cité sans Nom (la Ciudadela o Ciudad Sin Nombre), una mega-estructura colosal construida sobre las ruinas de civilizaciones olvidadas y perpetuamente custodiada por la sombra de la Montaña Sagrada de Kadath. Bajo una atmósfera de marcado corte lovecraftiano y tintes de sueño febril, el juego nos invita a desenterrar los secretos de este limbo, lidiar con los Monarcas que gobiernan sus confines y desatar los nudos de la causalidad mediante decisiones que afectarán directamente el destino de sus extraños habitantes.

Para entender bien qué hay detrás de Hypnos, es fundamental hablar del gran proyecto vital de Redlock Studio: The Maze Chronicles (Las Crónicas del Laberinto). No es una franquicia nacida de la noche a la mañana para encadenar secuelas, sino un universo de fantasía oscura y ciber-surrealismo que el estudio francés llevaba más de diez años planificando y escribiendo antes de lanzar su primer videojuego.
La franquicia se construye bajo una premisa narrativa y estética muy particular que conecta todos sus títulos:
1. El pilar central: el continente de Hypnos.
En el lore de esta franquicia, Hypnos no es solo el nombre de este último juego, sino el del propio continente donde todo ocurre. Es un limbo atemporal, un mundo que se hizo pedazos y cayó en la ruina absoluta tras la misteriosa desaparición de su Rey. Las leyes de la física, la memoria y la geografía en este universo no funcionan como en el nuestro; la realidad está «rota» y se moldea a través de los fragmentos de los recuerdos, los sueños y la causalidad.
2. La primera pieza: Shattered – Tale of the Forgotten King (2021).
El debut de la franquicia se dio con este título. Era un Action-RPG con mecánicas de Soulslike y plataformeo en 2.5D/3D. En él controlábamos al Nómada (The Wanderer), un ser sin recuerdos que recorría las ruinas del continente buscando las pistas del Rey olvidado y enfrentándose a los Demiurgos.

¿Cuál es su conexión con la nueva entrega? Mientras que Shattered nos mostraba la decadencia física y el combate de este universo con una perspectiva épica en tercera persona, Hypnos cambia las espadas por la exploración pura en primera persona, metiéndose de lleno en el tejido de las Dreamlands y la psicología de sus habitantes. Ambos juegos miran al mismo universo, pero desde planos y prismas mecánicos totalmente distintos.
El nexo de unión de The Maze Chronicles es su enfoque transmedia y su estilo artístico. El estudio trabaja mano a mano con artistas de la escena del dark ambient y la música electrónica experimental (como Alt 236 y AL9000), lo que le da a la franquicia esa atmósfera tan única y pesada de brutalismo arquitectónico combinado con horror existencial y mitos de Lovecraft.
¿Qué significa esto para nosotros como jugadores? Lo fascinante de The Maze Chronicles es que los juegos funcionan como piezas de un puzle. No necesitas haber jugado a Shattered para entender la trama básica de Hypnos (ya que Choron busca a su propio niño interior o fantasma, Matthew) pero, si conoces el trasfondo de la franquicia, reconocerás los nombres de los Monarcas, el peso de la causalidad y la mitología de la mega-estructura de la Ciudad Sin Nombre. Es un universo rico y muy denso, pensado para los jugadores que disfrutan de la narrativa fragmentada y de interpretar el entorno.

Aterrizar en un mundo tan complejo y denso a nivel de historia puede imponer al principio, pero la verdadera pregunta es: ¿cómo se traslada este sueño a los mandos? Como jugadora, mi experiencia recorriendo las Tierras del Sueño ha sido primeramente accidentada. Un bug en el juego me impedía comenzar en el punto de inicio previsto por los creadores, por lo que tuve que contactar con ellos vía Steam para que intentaran solucionar el problema. Más allá de esto, el juego me resultó visualmente magnífico, lo que para mí es sin duda lo más destacable y lo que, de primeras, me convenció a probarlo. Hypnos se aleja de la acción para centrarse en la exploración pura en primera persona. En mi opinión esto es un gran acierto, ya que nos sumerge por completo en los escenarios, aunque a una gran parte del público le resultará demasiado pausado. No esperéis combates frenéticos; aquí el núcleo es observar, resolver el misterio de la Ciudad Sin Nombre y tomar decisiones. Personalmente, me he encontrado con momentos donde me he sentido un poco perdida por la falta de indicaciones, hay muchos callejones sin salida en el laberinto que constituye el mundo, pero creo que esa confusión es precisamente lo que el juego busca para transmitir que estás en una pesadilla. Por otro lado, no hace falta ser un experto en gráficos para darse cuenta de que el juego es una obra de arte en movimiento. Más allá de la potencia técnica, lo que entra por los ojos es su dirección artística; con esas estructuras colosales y los paisajes imposibles que te hacen sentir verdaderamente diminuta. Mi sensación al recorrerlo ha sido de una opresión constante, gracias a un uso de la iluminación y los colores, una casi eterna gama de blancos y grises, que a veces hace que sea difícil orientarse. En contraposición a esa paleta de colores, las ilustraciones de los personajes en las interacciones son totalmente coloridas y detalladas.
En definitiva, aunque algunas mecánicas puedan requerir paciencia por parte del jugador, la experiencia de recorrer Hypnos se siente como un viaje único. No es un juego para todo el mundo, pero si te dejas atrapar por su atmósfera descubrirás que, en tu mundo, también el día se ha hecho noche.



