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La anatomía de la máquina de matar.

Crítica a «NAZA»

Un desolador viaje nocturno a las entrañas del aparato militar y la ceguera colectiva. ¿Es posible filmar la frialdad de la destrucción masiva a partir del silencio de quienes ejecutan las órdenes?

Tras No Other Land, esta cinta nos presenta el nuevo trabajo de investigación periodística y documental de Yuval Abraham y Rachel Szor, producido en conjunto con The Guardian, centrado en las operaciones militares, la inteligencia artificial y los testimonios anónimos de soldados sobre el genocidio en Gaza.

En NAZA, Yuval Abraham y Rachel Szor fijan su mirada en las azoteas de Tel Aviv para desmantelar, al amparo de la noche, el funcionamiento interno y la logística de las operaciones militares en Gaza. A través de secretas y reveladoras entrevistas a más de una veintena de integrantes de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia israelíes, el documental indaga en los sistemas algorítmicos de selección de objetivos y la toma de decisiones que conducen a la devastación masiva de la población civil, enfrentando la aterradora normalidad con la que se vive a tan solo unos kilómetros de la tragedia.

La película esquiva las convenciones habituales de la cobertura bélica en directo para apostar por una investigación minuciosa, de tono casi clínico, pero profundamente moral. La fuerza del argumento radica en su capacidad para poner en evidencia la deshumanización tecnológica, donde la burocracia, la inteligencia artificial y el distanciamiento convierten la pérdida de vidas humanas en meras métricas, tensionando de manera brillante el discurso oficial con la responsabilidad individual de sus informantes.

En su apartado visual, la película destaca por una puesta en escena deliberadamente sobria y asfixiante. La dirección de fotografía de Rachel Szor aprovecha las sombras de la arquitectura urbana de Tel Aviv para crear un marco de clandestinidad visual impecable. La estética no busca el efectismo ni el morbo, sino construir una atmósfera de suspense claustrofóbico que contrapone la aparente serenidad de las luces de la ciudad con los crudos relatos de quienes diseñaron y ejecutaron los ataques.

El peso del trabajo reside en la valentía con la que sus creadores administran el material testimonial. Las voces anónimas de los miembros del IDF aportan un valor documental y periodístico incalculable, logrando que sus conversaciones cargadas de frialdad y contradicción descoloquen por completo al espectador. Esta naturalidad con la que los propios implicados detallan la mecánica de su limpieza étnica hace que las revelaciones calen con un impacto helador.

El montaje administra el ritmo con precisión matemática, dosificando la información para que la tensión escale gradualmente a lo largo del metraje. La pausada progresión de las entrevistas, entrelazada con el pulso constante del paisaje nocturno, conduce hacia un clímax que expone la desgarradora paradoja de una sociedad que continúa con su vida cotidiana en la impunidad mientras, al mismo tiempo, sostiene un horror sistemático a escasa distancia. El diseño sonoro desempeña un papel clave dentro de esa identidad envolvente. El contraste entre los murmullos de la noche, el sonido del viento en las azoteas y los distantes ruidos de la metrópoli genera un ambiente incómodo que acentúa la burbuja en la que viven los informantes y la gravedad de sus declaraciones.

Un imprescindible para el cine documental de investigación contemporáneo. Implacable y de una contundencia aterradora, que prescinde de la pirotecnia para centrarse en el rigor del periodismo de denuncia. Un filme que ha sacudido el circuito internacional de festivales y que ofrece un testimonio urgente que, pese a todo, llega 90 años tarde.

Lo mejor: la extraordinaria investigación periodística y la capacidad de articular una atmósfera claustrofóbica que revela la frialdad detrás del aparato bélico.
Lo peor: la perturbadora y necesaria sensación de vacío y desesperanza que provoca la absoluta indiferencia del entorno ante las atrocidades descritas.

Laura Suárez Neira

Laura Suárez Neira

Licenciada en Estudios Ingleses, apasionada de la literatura, la música y la cultura. Creo que tras cada obra hay otra historia que merece ser contada y disfruto acercándola a los lectores desde una mirada cercana y crítica.

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