Más allá del Mas Allá, pero sin rumbo
Imágenes cedidas por Sony Pictures
La saga de terror iniciada por James Wan (Saw 2004, The Conjuring 2013) regresa de la mano de Jacob Chase (Come Play 2020) con Insidious: Fuera del Más Allá (Insidious: Out of the Further), una entrega que se enmarca dentro de esa corriente tan habitual de las franquicias de terror comercial actual: estirar un universo de éxito hasta exprimir la última gota de nostalgia. Sin embargo, lo que sobre el papel promete una inmersión terrorífica y renovada en las dimensiones espectrales, acaba atrapado en los vicios más comunes del terror hollywoodiense más tópico.
Hay algo especialmente frustrante en comprobar que una saga que alguna vez supo construir auténtica inquietud termina convirtiendo sus propios recursos en una colección de mecanismos previsibles. Out of the Further no es únicamente una entrega irregular dentro de una franquicia que lleva años explotando el mismo imaginario: es la demostración de que Insidious parece haber perdido de vista qué hacía aterrador el Más Allá en primer lugar.

El principal problema está en un guion incapaz de dotar de naturalidad a sus personajes. Las conversaciones resultan artificiales hasta rozar lo vergonzoso, con unos protagonistas que parecen funcionar como vehículos para transportar información de una escena a otra más que como personas con emociones reconocibles. La película insiste en el sufrimiento generacional y los vínculos familiares como si por sí mismos fueran suficientes para provocar empatía, pero el drama difícilmente funciona cuando los personajes parecen estar recitando las emociones que deberían estar sintiendo.
Uno de los hándicaps recurrentes de esta nueva entrega es la incapacidad para confiar en sus propios personajes y situaciones. Recurre constantemente a elementos que el espectador ya conoce porque sabe que funcionaron anteriormente. Elise Rainier vuelve a aparecer interpretada por Lin Shaye, pero su presencia se aproxima más al fan service que a una verdadera necesidad narrativa. Sus intervenciones se perciben como un comodín que aparece cuando el guion necesita una explicación, una solución o una guía, convirtiéndola en una suerte de deus ex machina. Su regreso no parece tener demasiado que aportar más allá del reconocimiento inmediato de los seguidores de la saga.
Algo parecido sucede con el Demonio Rojo o con La Anciana. Lo que en la primera película constituía una de las imágenes más perturbadoras de la franquicia se ha convertido en un icono que la saga puede sacar del cajón cuando necesita recordar al público de dónde viene. Recuperarlo debería producir inquietud, pero aquí genera más bien la sensación de estar ante una referencia nostálgica. El monstruo que alguna vez resultó aterrador deja de ser una amenaza para convertirse casi en una mascota de la franquicia. Ni siquiera la música consigue recuperar aquella identidad: la banda sonora brilla por su ausencia, lejos de alcanzar la fuerza de la composición asociada al personaje en la película original.

El problema del reciclaje no termina ahí. Out of the Further vuelve a recurrir a algunos de los lugares comunes más reconocibles del terror doméstico, empezando por esa casa estadounidense gigantesca que es ya un requisito indispensable para que una familia pueda ser perseguida por fantasmas. En el universo de Insidious, aparentemente, los espíritus tienen estándares inmobiliarios: nunca parecen interesarse demasiado por quienes viven en un piso de cuarenta metros cuadrados. El horror necesita una casa enorme, preferiblemente de varias plantas, con sótano, ático, habitaciones vacías, pasillos interminables y suficientes rincones oscuros como para esconder una criatura detrás de cada puerta.
El recurso podría resultar anecdótico si no fuese porque revela una dependencia cada vez mayor de una fórmula. El horror se nutre del espacio para fabricar sus jumpscares, y esos jumpscares necesitan a su vez apoyarse en la oscuridad, los eternos corredores, las puertas, los silencios prolongados y los golpes de sonido estratégicos. El resultado es un terror que deja de surgir de la atmósfera para hacerlo de la expectativa mecánica de que algo va a saltar sobre la pantalla y, como ya es un viejo conocido, no hay sorpresa. Tampoco esa expectativa se aprovecha demasiado bien cuando buena parte de los momentos potencialmente efectivos ya han sido destripados en el tráiler. Revelar los sustos más interesantes antes del estreno en una película cuya principal herramienta debería ser la tensión es una estrategia, cuanto menos, curiosa. Una vez que conocemos la imagen, el momento y el mecanismo del susto, la escena deja de construirse alrededor de la incertidumbre y se convierte simplemente en una espera.
La película tampoco parece encontrar una evolución estimulante para el mundo de Insidious. La idea de que determinadas capacidades relacionadas con el Más Allá son hereditarias vuelve a colocar en el centro a los hijos, prolongando una dinámica que la saga ya ha utilizado repetidamente. El problema no es que la familia sea un tema inadecuado para el terror sobrenatural, es convertirla en una plantilla narrativa que se repite sin encontrar nuevas formas de explorarla.

En cierto modo, la saga ha terminado explicando demasiado aquello que originalmente resultaba inquietante precisamente porque no lo comprendíamos del todo. El Más Allá funcionaba mejor cuando era un territorio misterioso, amenazante y difícil de racionalizar. Cada nueva explicación sobre sus reglas, cada ampliación de la mitología y cada revelación sobre quién puede acceder a él corre el riesgo de convertir lo desconocido en un sistema exacto y pocas cosas resultan menos aterradoras que un monstruo perfectamente masticado.
Por eso Out of the Further me deja una sensación especialmente amarga. No parece una película interesada en descubrir qué puede hacer todavía con el universo, sino en recordar al espectador todo aquello que ya conoce. Quizá ese sea el verdadero bache en esta sexta entrega. Insidious ha llegado a un punto en el que sus propios iconos pesan más que sus nuevas ideas. La saga sigue utilizando los elementos que alguna vez la hicieron especial, pero ya no consigue reproducir la sensación que los acompañaba. El resultado es un filme que puede entretener a quienes busquen otra visita a un universo conocido, pero que difícilmente consigue justificar su existencia más allá de continuar una franquicia. Parece que a todos se nos va olvidando poco a poco qué era lo que hacía que quisiéramos adentrarnos en el Más Allá.
Lo mejor: la ambientación del Más Allá sigue siendo uno de los elementos visualmente más reconocibles de la saga.
Lo peor: el guion. Diálogos poco naturales, personajes planos y una historia que recurre constantemente a fórmulas ya explotadas.





