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No hay victorias en un bordado de fuego y sangre

Crítica a la tercera temporada de»La casa del dragón»

"Cada vez que nace un Targaryen, los dioses lanzan una moneda al aire"

Hay sobrecogimiento en contemplar a un dios. El orgullo Targaryen parte de saberse cercanos a uno. Cuando al resto de casas de Poniente se les olvidaba por qué gobernaban los Targaryen solo hacía falta contemplarles cabalgando un dragón. Había un atisbo divino en ellos que vemos en las palabras de Rhaenyra y en los ojos de Daemon en el episodio final. El mérito de Robert Baratheon y Ned Stark no solo está en rebelarse contra la tiranía, sino en retar a un linaje divino.

Esta crítica viene con spoilers de la tercera temporada. Aunque, como siempre, más que de los hechos, se trata de lo que estos implican dentro y fuera de la ficción. Vamos a analizar esos momentos que ofrecen las claves interpretativas y lo que implican en relación con este mundo de Canción de Hielo y Fuego, aunque el que escribe no ha leído Fuego y sangre. La crítica está dividida en tres bloques: el primero incluye los episodios del 1-3, el segundo los episodios del 4-6 y el tercer bloque los episodios 7 y 8.

1. El triunfo de Rhaenyra

En ese primer capítulo con sabor a capítulo 9 de Juego de Tronos, la serie vuelve a dejar claras dos cosas: que el precio de los errores en el Juego de Tronos es la vida y que esto desde luego no es La casa del león. La casa Lannister estaba aquí muy lejos de imponer el respeto que después impondría. Si Tywin viese a los representantes de su casa en esta serie quizá las circunstancias de su muerte no le resultarían tan vergonzantes en comparación.

En este capítulo vemos la Batalla del Gaznate, construida con un dramatismo bien ejecutado, auque no se puede decir que se sufra en exceso porque los actores principales de este juego, quitando a Daemon, no están presentes. Es curioso porque el universo de esta serie ha creado ya una estética antiheroica de las muertes que en realidad marcó tendencia en muchas otras. Sin embargo, se ejecuta de tal forma que a pesar del sabor tan amargo amargo le da la vuelta al concepto para tener un atisbo heroico. Al menos, eso me produce esta muerte de Jace que, sin ser tan desgarradora como otras, uno la siente especialmente por su evitabilidad.

El capítulo 2 es un clímax de silencios en el que todo ha sido dicho antes. El mundo de Canción de Hielo y Fuego en pantalla siempre ha destacado por sus conversaciones, pero incluso más por sus silencios. En este capítulo estos representan más que lo dicho. Y es dilatada la lista que representa estos momentos: la mirada de Otto Hightower, el precio del triunfo de Rhaenyra y sus lágrimas sentada en el trono, el reflejo en la sangre, la mirada de Alicent a su padre decapitado, los dragones de Rhaenyra sobre Desembarco del Rey y Vhagar sobrevolando Harrenhal. Además ese último podría ser el momento más sobrecogedor, visualmente hablando, de toda la temporada. Y también se acompaña del silencio, pues Harrenhal es un lugar habitado por espíritus, inhóspito, que ahora además ha sido abandonado. Si el anterior se siente como el penúltimo, este episodio se siente como el final, la conclusión de algo. De una primera parte y una victoria que implican un cambio fundamental en el relato. Las imágenes son poderosas y culminan un desarrollo muy bien ejecutado hasta aquí.

En la infinita escala de grises del mundo de Martin, Daemon es un gris muy oscuro. Al principio de la temporada, Rhaenyra escucha su consejo hasta el punto de que no se cuestiona lo que su tío le dice: directamente lo ejecuta. Es una influencia terrible para ella que la aleja de su potencialidad amable que, al menos en la serie, hemos visto que posee. Sin embargo, esa potencialidad se vio alejada de manera progresiva primero cuando muere su padre, en segundo lugar con la pérdida de sus hijos y, tercero, sin lugar a dudas, con la terrible influencia que ejerce Daemon en ella. Este siempre ha sido el villano del bando bueno o al menos el mando menos malo de esta historia.

Con el capítulo 3 uno siente la responsabilidad de gobierno quizá de la forma mejor narrada en pantalla en esta serie y su predecesora. El estrés se contagia y a pesar del título del capítulo, Rhaenyra triunfante, no se siente ni mucho menos como tal. Es literalmente el asunto sobre que mantener la posición es más complicado que alcanzarla. Ese capítulo lo representa de forma impecable y además han sabido hacer algo que no supieron con Daenerys: la nota musical de lo psicológico, la nota del mal en esos momentos que Rhaenyra desconecta. La muerte de sus hijos le hace alejarse de una realidad más ética. No es el triunfo de Rhaenyra, es el triunfo de sus malas pasiones.

Una persona es un conjunto de potencialidades que se ven más o menos alimentadas por el contexto y el porvenir, por el camino transcurrido. El camino de Rhaenyra ha sido demasiado complejo para permanecer cuerda. Más cuando se trata de un Targaryen. Pues como va dicho, cada vez que nace alguien de este linaje, una moneda de muchas caras es lanzada al aire.

Gobernar es siempre una carga enorme. Justo antes del momento de su coronación, Rhaenyra duda. ¿Qué debe llevar para saber qué debe transmitir al pueblo? En ese momento en el que está eligiendo su atuendo, le asalta la menstruación. Gobernar es un fastidio, demostrar como mujer que lo mereces multiplica ese fastidio. Y ahora no tiene a Viserys para legitimar su gobierno, pues ya vemos que haber ganado la guerra no es ni mucho menos suficiente.

Se cerraba con el capítulo 3 una primera fase la temporada realmente buena. Con sus peros, dejaba con un sabor de boca muy diferente al que dejó el final de la temporada 2. La sensación era que cada capítulo podía ser muy potente a pesar de los inevitables y necesarios momentos de transición. Pero la realidad es que la transición se extiende durante tres episodios. Aquí la serie se detiene para mostrar cuál es el nuevo panorama general, pero la sensación es que hay un alto en el camino.

2. Tránsito a la nueva amenaza Hightower

En los capítulos 4, 5 y 6 se nos presenta a Daeron y se profundiza en el personaje de Ormund Hightower. Ambos son personajes interesantes, el primero parece clave para el devenir de la serie y el segundo como villano principal de esta temporada. Es un tipo cuya inestabilidad mental es compensada con cierta inteligencia para la estrategia. Otra escena clave de estos capítulos es la muerte de Christon Cole, que a decir verdad sabe a poco. No termina de redimirse y tampoco es tan satisfactoria para compensar sus desmanes a lo largo de la serie. Quizá ese sea su castigo, porque en el capítulo siguiente casi nos hemos olvidado de su ausencia.

Lo peor de esta temporada es la trama de Alicent. Si lo pensamos, cambiaría muy poco si la quitamos de hilo argumental. Las decisiones de Rhenyra serían las mismas, el destino de Helaena estaría igual de definido y las visiones de Aemond no diferirían en nada. Su misión es un viaje fracasado para dejar claro a sus hijos que se ha pasado al bando de Rhaenyra. La verosimilitud de esto es difícil de entender, -me pregunto qué dirían Cersei o Catelyn- y queda por ver cuál será su rol en una siguiente temporada en la que ya no le queda nadie por quién luchar tras la muerte de Helaena.

En estos capítulos también vemos los cambios operados tanto en Aegon como en Aemond. El rey quemado ha empezado a convertirse en un personaje interesante desde que el fuego de Vhagar lo calcinó. Debe hacer cosas a las que nunca habría imaginado enfrentarse como son el dolor y la humillación, y esto hará que se forje un personaje más valiente y más matizable que seguro pondrá en apuros el reinado de Rhaenyra. Hasta ahora era un ser tan lamentable que su propia madre le llegaba a decir que lo único que debia hacer, era no hacer nada. Eso parece estar a punto de cambiar. Sobre Aemond es interesante mencionar el cuestionamiento de su identidad, pues se pregunta si es tan temible sin Vhagar. Ahora que la dragona más temible de esta historia se ha marchado, este personaje debe volver a cuestionarse cosas sobre sí mismo que había estado esquivando por ver el mundo desde la cima. De su relación con Alys puede salir algo interesante, sobre todo de esos cinco huevos de dragón, pero en esta segunda temporada uno de los mejores personajes de la serie ha estado en un segundo plano.

3. Un bordado de fuego y sangre


Hasta el episodio 7, Rhaenyra ha tratado basar su gobierno en ser tan pacífica, tal y como lo fue su padre. Esta tendencia se acentúa con la influencia de de Mysaria, de la que sin embargo no tardará en librarse cuando Rhaenyra encuentre su verdadero camino como reina. Por otro lado, Rhaenyra también tiene una parte de impecabilidad que está reforzada por Daemon. Sin embargo, estas dudas, le estaban impidiendo ser la reina que debe ser. De modo que hasta este capítulo había permanecido en una especie de letargo hasta que encuentra su camino.

Por su parte, a Aegon por fin le sonríe el destino. Tengo ganas de ver hasta qué punto le sonreirá en el futuro, pues mientras temo que el escarmiento que estaba recibiendo fuera suficiente, está claro que va a ser clave en la próxima temporada y en la continuidad del reinado de Rhaenyra. Al menos, lo hemos visto más valiente de lo que jamás ha sido y puede dejar de ser un personaje que al espectador le genera odio constantemente.

El último episodio es disfrutable e importante a varios niveles. Lo primero, es la evidente conexión con Juego de Tronos en varios asuntos. Lo primero es que Rhaenyra ataca a la fe de los siete amparándose en la profecía transmitida por su padre. Pero no solo eso, sino que ella se autoproclama «El príncipe que fue prometido», o «Azor Ahai» llamado por los adoradores del Dios Rojo. Aunque está por ver si es el mismo personaje, esta figura que no se menciona tanto en la serie es clave en los libros. Debe ser esa figura que reúne Poniente para hacer frente a la amenaza del norte, al invierno eterno. De esto, por supuesto, no se sabe todo, pues la saga principal está sin finalizar en los libros. En la serie el personaje que mejor representa esta función parece ser Jon Nieve, aunque algo de ello parecen tener Arya Stark o incluso Bran.

De modo que la Profecía habla de la amenaza del Norte, un enemigo incognoscible que aparecerá en Juego de Tronos. Esta es la misión que Aegon el Conquistador encomendó a su linaje. Y lo importante aquí es que Rhaenyra es la heredera de este mensaje y es lo que defenderá a partir de este momento para legitimar su reinado. De hecho, hace público un mensaje que hasta el momento parecía ser un secreto. Veremos qué consecuencias tiene esto o qué deciden hacer con ello los guionistas.


Otro asunto interesante es que vemos por primera vez en esta serie cómo son realmente los Stark en este momento de la historia. Aquí contemplamos a un tipo realmente salvaje como cabeza de la casa del lobo, un bárbaro que poco tiene que ver con Ned Stark. Más bien, la sensación que se da aquí, es que el norte es un lugar incivilizado al que no llegan los maestres. Durante la batalla, ese salvajismo provoca que Daemon los mande como kamikazes en la vanguardia y ellos están encantados.


Lo interesante de esta batalla de Ladera no tanto son los bandos, sino los intereses particulares de algunos personajes: Daemon, Daeron, Ulf y Hugh son los personajes que la protagonizan. Cada uno lucha por algo y ese conflicto de intereses hace que las diferentes perspectivas colmen al capítulo de riqueza. Daemon lucha por acabar con los enemigos y demostrar la incuestionabilidad de la dinastía Targaryen. Un Daeron muy joven quiere demostrar el honor que se espera de un rey a pesar de que la batalla esté perdida. Ulf quiere ver el mundo arder e irse a la taberna. Mientras, Hugh ha conseguido lo que quería para hacer feliz a su familia, pero su tragedia es que su mujer muere y de poco le ha servido ser nada menos que jinete de un dragón.

Para concluir, la tesis de la serie muestra en la escena final el antibelicismo mediante lo visual y lo emocional. Una potencia del desgarramiento que ya vimos en el capítulo 4 de la segunda temporada. Allí, en el Reposo del Grajo, Christon Cole contemplaba los cuerpos convertidos en ceniza. El poder destructivo de los dragones parece recordar a Daemon que es más humano de lo que piensa. El cierre aquí es redondo. Ese bordado de Helaena que no solo conecta con la intro, sino con la violencia a la que Rhaenyra trata de resistirse pero parece estar avocada a caer por sus circunstancias vitales. Otra representación visual de este momento es la escena en la que sus huellas hasta el trono de hierro dejan un rastro de sangre. Aunque ella no lo sabe aún, es el punto de inflexión de la historia.

Aitor Marqués M

Aitor Marqués M

Escritor, literato y editor. Una buena historia no depende del medio, sino del modo. No es la que ocurre, sino la que podría haber ocurrido; en este mundo o en otro. Hablemos de ellas a la luz de la hoguera. Hablemos de ellas en Rohen.

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