La pena también mata
Gracias al incesante trabajo de Mario, el 14 de mayo tuve la oportunidad de acudir al preestreno de Cowgirl, un melodrama romántico dirigido por Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, que se estrenó en cines el 22 de mayo.
Si queréis haceros a la idea de la experiencia general, imaginaos una de esas comedias románticas holandesas que echan en La 1 después del telediario y vuestra yaya pone de fondo para dormitar en el sofá, pero ubicada en la España rural (que es lo que le da calidad a la película, como diría mi querido Ángel Sanchidrián). Y es que hay algo que tiene el cine español que no sabe hacerlo nadie más: es inherentemente costumbrista. Nos conecta con realidades en las que, incluso si a simple vista son radicalmente opuestas a la nuestra, podemos vernos reflejados.
La protagonista se llama Empar (Isabel Roccati), una granjera de 60 años que vive sola con su huerto, sus gallinas y su vaca, Tona. A esta pobre mujer lo mismo le da una escopeta que una palanca o un rodillo de cocina para hacerse entender. Su principal y única preocupación es que su vaca se quede preñada, y el resto le importa un bledo, pero lamentablemente nadie la deja en paz…

Entre sus molestas interrupciones constantes se encuentra el alcalde, Llorenç (Carles Sanjaime), quien tiene una extraña fijación por convertir el pueblo en un paraíso rural de interés vacacional sin importarle perturbar la paz de los vecinos. Llorenç ve su oportunidad tras la llegada del joven Riqui (Carlos Cuevas), quien se quedará unas semanas en la casa de su difunta tía.
Y luego tenemos a Bernat (Pep Munné), amigo de la infancia de Empar y propietario de la granja más grande de los alrededores, a quien ella se ve obligada a pedir ayuda para que uno de sus toros deje a Tona embarazada. El inicial rifirrafe entre ellos pronto da paso a un cortejo por parte de Bernat, que suple la subtrama romántica de la película, y va desvelando poco a poco la pena que carga sobre sus hombros nuestra protagonista.
Aunque no lo parezca, Cowgirl narra un duelo. Sí, también tenemos a Carlos Cuevas robando tomates y corriendo por el bosque, pero ese no es el foco de la historia. A medida que avanza la película, se revela que Empar lleva muchos años lamentando y culpándose por el fallecimiento de su marido y su hijo. Lo único que le queda de su antigua vida con ellos es su querida Tona. Se siente incapaz de separarse de ella, aferrándose consciente o inconscientemente al pasado e inhibiéndose de superar su pérdida. Por suerte, a su lado caminan Bernat y Riqui, quienes la ayudan a pasar página por muy duro e incómodo que le resulte.

Nunca pensé que vería a una vaca dar a luz con todo detalle en la pantalla grande, ni pudiera haber imaginado que resultaría tan emotivo. Veo las trabas con las que se encuentra Tona durante su embarazo como un símil del estado mental de la granjera a lo largo de los años: sobrevive, sigue adelante, pero carga con un pesar que le impide funcionar con normalidad; pero todo el mundo tiene el derecho y el deber de superar, de proseguir su vida tras la pérdida. Para mí, eso simboliza la escena del parto de Tona: un nuevo comienzo, tanto para ella como para Empar.
Siento que, en general, necesitamos más historias acerca de mujeres mayores aprendiendo a derribar sus muros emocionales, a sanar y a volver a sentirse humanas, a pesar de tener en su alma incontables heridas sin cicatrizar. Y ya si les dan una palanca, mejor que mejor.
A nivel técnico me siento en la obligación de destacar la fotografía. Personalmente disfruto mucho de las películas contemplativas, que suelen ir de la mano con una meticulosa ponderación de la cotidianidad: detalles menores en el entorno sin importancia para la trama, mimados por la cámara como si de elementos clave se tratasen; planos estáticos, simétricos, pacíficos; silencios bien puestos, que tienen más sonoridad que cualquier oración… Es todo esto lo que nos muestra el principio de la película, el día a día de Empar en su zona de confort. Asimismo, a medida que la granjera debe enfrentar una serie de adversidades que ponen en riesgo el embarazo de su vaca, el ritmo técnico es también más rápido; a un lado queda la estabilidad que transmite la introducción de la historia para dar paso al imprevisto y al caos.
A pesar de no haberme cambiado la vida, esta película narra una historia agradable y fácil de digerir. Si la pilláis por la tele, no dudéis en echar un rato viéndola, ¡ni de compartir vuestras opiniones conmigo!




