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El terror de una superestrella

Crítica a «Mother Mary»

Un melodrama gótico dirigido por David Lowery, la historia de dos mujeres unidas más allá del tiempo y del espacio por sus trayectorias personales y artísticas se estrena en cines el 31 de Julio.

«Heridas sepultadas hace mucho vuelven a abrirse cuando la icónica estrella del pop Mother Mary (Anne Hathaway), a punto de regresar a los escenarios, se reúne con Sam Anselm (Michaela Coel), su mejor amiga y diseñadora de vestuario de la que se había distanciado». Así reza la sinopsis de este largometraje, y como tal empieza de este modo. Se ve así un planteamiento inicial de la relación entre las dos protagonistas que poco a poco va escalando y generando tensiones por un algo desconocido al espectador y que no parece estar resuelto. Cuando la historia se desarrolla un poco más se aporta un matiz interesante al proponer parte del drama y la tensión desde la óptica de la moda; no es la primera vez que se ve a Anne Hathaway manejando esta temática, desde luego, pero esta vez se subvierten ligeramente los roles y esta actriz adopta el ser atravesada por la moda en forma de superestrella. Se empieza entonces a entrever un tópico que pertenece fundamentalmente a nuestros días como es el del diseño de moda y de la superproducción en la música. Esto se ha visto en infinidad de ocasiones, y cada vez más con el altavoz de las redes sociales, y afecta a cómo se perciben los propios artistas más allá de su música. Rosalía no presenta la misma estética en Motomami que en Lux, Chappell Roan propone una apariencia estridente y distinguible que define su música y su presencia, o yendo a algo más de nicho que a alguno le puede sonar, Angine de Poitrine hace de todo esto un conjunto inexplicable si se quiere separar vestuario y composición.

Hasta aquí el largometraje se desarrolla con cierta naturalidad y expone diálogos potentes y constantes entre las protagonistas siguiendo de cerca este tema tan interesante y añadiendo algún otro como la presión del estrellazgo y las relaciones personales. Sin embargo, estando en la sala de cine noté un zumbido constante, un ruido que no me estaba dejando disfrutar al completo de la película… ¿esto no iba de fantasmas?

Cuando uno observa el póster puede ver bien en grande en mayúsculas la siguiente frase: ESTO NO ES UNA HISTORIA DE FANTASMAS. Vale, tendré que creérmelo si lo pone explícitamente en el propio póster, pero mi espíritu (desconfiado por naturaleza) no puede dejar de pensar que si es necesario un aviso tan claro es porque va a haber fantasmas, aunque eso no sea lo principal. Y aquí radica mi mayor problema con esta decisión tanto estética como narrativa, si alguien dice «no pienses en un elefante» desafortunadamente ya es demasiado tarde y ya hay un gran elefante rodando tu imaginación. Y el problema no es realmente el elefante o tan siquiera los fantasmas en la película, el problema es que me pareció impresionante pero sin ningún tipo de sentido.

La aparición de lo fantasmagórico, lo misterioso e insondable en la trama, es algo que me atrae de primeras, y durante más de una hora de película no se ve absolutamente nada de esto. Una breve secuencia muy al inicio parece indicar una posible sobrenaturalidad que rápidamente se ve absorbida por la relación entre personas y sus soberbias actuaciones. De este modo, cuando uno llega al momento de lo terrorífico y lo paranormal siente que está  demasiado cogido con pinzas. Pero hay un «pero» más, aunque esté lejos de ser coherente con lo que está sucediendo, cómo se presenta y lo que ocurre es fascinante. Las escenas de terror que se dan en el film son hipnóticas y generan un miedo genuino, a lo cual se suma una ruptura con ciertos aspectos del terror convencional (aunque usa una base muy manida) que generan momentos brillantes. Los colores, la composición, la música, las actuaciones… mientras sucedía todo esto no sabía si tener miedo o estar asombrado por lo que estaba viendo. Luego, la película continuó.

Hay que reconocer que el trabajo visual de esta película no es exclusivo de las escenas de miedo, Andrew Droz Palermo, el director de fotografía, hace gala de su experiencia y entrega una belleza y claridad visual impecables. Es sin duda el verdadero protagonista. Pero sinceramente, estoy un poco cansado de consumir productos que son visualmente impactantes y que no se preocupan más que de eso dejando de lado la importancia de aquello que se está contando. No creo que esta película en concreto sea así, hay un cierto sentido narrativo con el que, no obstante, me es difícil conectar. La historia se da desde unos diálogos potentes y cargados de profundidad en una misma localización a una historia de fantasmas para finalmente pasar de nuevo a la localización inicial pero mezclando las dos premisas anteriores, y considero que no terminan de casar las tres entre sí. Y genuinamente me sorprende y me hace cuestionarme qué ha ocurrido para que una primera parte tan buena y una incursión en el género de terror tan bien llevada y original termine así.

En definitiva, considero que hay un trabajo técnico que roza lo inmaculado, el color, la banda sonora, la fotografía, el poder de la actuación, el vestuario… todo digno de un videoclip del primerísimo nivel, pero no es un videoclip sino una película, y el conjunto no se sostiene a pesar de la fuerza de sus partes. 

Dany Valero

Dany Valero

Teórico de la literatura y amante de Magic: the Gathering. Sencillamente una persona con bigote a la que le gusta leer, escribir, jugar y procrastinar —sin poder hacer todo a la vez—.

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