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La dualidad del nuevo mutante

Crítica a «Spider-Man: Brand New Day»: la dualidad del nuevo mutante

La araña había crecido y el niño también debía hacerlo.

Imágenes cedidas por Sony Pictures

La nueva película del amigo y vecino de todos explora facetas del personaje nunca antes vistas en pantalla. Con una trama cuidada y una traslación del mundo de las viñetas que ahora vamos a explorar, Spider-Man: Brand New Day puede situarse como una de las mejores del personaje. De la mano del director Destin Cretton, esta película supone un nuevo golpe sobre la mesa del MCU.

Hay que acudir al cine a ver esta película, y hay que hacerlo cuanto antes. Digo esto porque, al abrir la lata, es necesario sentir la frescura antes de que se caliente, el aroma antes de que lleve varios días abierta. Porque, nos guste más o menos, cuando la cultura alcanza lo mainstream, las obras pierden su sabor a una velocidad pasmosa al cargar consigo mil críticas el día del estreno. Hay formas de evitar la saturación si uno se lo propone de verdad. Y ciertamente es un ejercicio que cada vez merece más la pena llevar a cabo. Porque la obra debería preceder siempre a la crítica, y no al revés.

Dicho lo cual, a este artículo hay que acudir con los deberes hechos. Porque esto es una crítica, pero también un análisis de lo que esta peli propone y lo que se trae de los cómics. De cómo, productos tan denostados tradicionalmente desde la crítica literaria como el cómic o el cine de superhéroes no solo tratan esos temas universales, sino que lo hacen a través de una apelación a las emociones desde una construcción a menudo muy sólida. Aunque sea Marvel, aunque sea Disney, y aunque vivamos en este mundo en el que la creatividad artística esté a su servicio. Sí quitamos todas esas capas, seguimos llegando a esa esencia, ese núcleo de alma, arrebujado y abrazado a sí mismo que se mantiene en el centro de todo a pesar de siglos y tendencias. Porque ahí, escondido, alza sus ojos cuando lo miramos para atravesarnos con todo ese poder que nunca muere por mucho que algunos intenten.

Ser Peter, ser Spidey

El amigo y vecino regresa más vecino, menos amigo y, sobre todo, menos multiversal de lo que nos habíamos encontrado últimamente. Tras los eventos de No Way Home, todos han olvidado a Peter Parker, lo que le permite ser Spider-Man a jornada completa y tener una eficacia casi absoluta. En esta versión del personaje, el héroe puede mantener el crimen a raya en un Nueva York aparentemente más seguro que nunca. Los criminales no atraviesan más de tres calles sin ser atrapados por la telaraña. Lo cierto es que ver a un Spidey tan centrado y más experto después de cuatro años ofrece una satisfacción y un placer visual como, quizá, nunca antes visto para los amantes del personaje.

Pero una obra de Spider-Man nunca habla solo de Spider-Man. No existe uno sin el otro. Ese es el título de uno de los volúmenes comiqueros que inspiran esta película, tanto por la dualidad del personaje como por los nuevos poderes y su mutación. En las viñetas, el hombre y la araña mantienen una lucha interna por ver quién es el que se impone en ese cuerpo. Con el aumento de sus poderes, la araña parece estar devorando al hombre, lo que vemos en esta película con ese globo ocular completamente negro.

El instinto de la araña que ha ido creciendo a lo largo de los años aprovecha el momento de vulnerabilidad de Peter, un momento de soledad por la pérdida de May y la amnesia de sus seres queridos. Todo este asunto resulta de los más atractivos de la película, desarrollado principalmente en una primera parte prácticamente perfecta. Es un tratamiento de guion y personaje incontestable. Una vez entramos en la segunda parte, aunque el asunto sobre la dualidad se resuelve en una épica escena, la idea se diluye. Y lo cierto es que parecía abocada a hacerlo. La película también decae, pues tenía que desarrollar a los villanos y los conflictos externos al propio personaje.

La apertura de varios frentes siempre es interesante, porque deja algunos asuntos bajo la superficie mientras otros salen a flote. Sin embargo, el personaje de Jean Grey, aunque es interesante, corta el ritmo de la película cuando es presentada con el rostro de Sadie Sink. Y no es culpa de ella, pues esta chica tiene un carisma enorme. El bajón es casi natural, y se debe a que la amenaza del villano es siempre más grande cuando se desconoce hasta qué punto es peligroso.

Un poder más grande conlleva una responsabilidad enorme

En el cómic El otro, escrito por J. Michael Straczynski, Peter David y Reginald Hudlin, y dibujado por Mike Wieringo, Pat Lee y Mike Deodato Jr. una enorme araña onírica le dice a Peter que, para renacer, el «niño que jugaba a ser araña» debe morir. Peter ha dejado de ser un adolescente, y Spider-Man también. Al personaje de Tom Holland le ha llegado el rito de paso y la responsabilidad adulta debe coger las riendas de unos poderes que dan al superhéroe una categoría muy superior respecto a la que estaba. El reto es enorme, pues en esta historia el riesgo de perderse es más notable que nunca al permanecer solo.

En el cómic esta transformación se produce cuando Spider-Man ha muerto. Hay que decir que el momento vital es muy diferente, pues mientras allí es más adulto y ya está casado con Mary Jane -no con MJ- aquí lo que ha muerto es el niño que debe dar paso al hombre o a la araña. Este es un punto de mérito de la película, pues ese cambio vital gana sentido entrando en la etapa adulta más que al llevar años instalado en esta. El caso es que, después de no pocos sufrimientos, y aunque nunca se termina de asomar al abismo -esto no es el Spider-Man de traje negro-, al final consigue evolucionar. Fusiona lo mejor del hombre y de la araña y puede que lo siguiente que veamos de Spider-Man sea la versión más potente o al menos más poderosa que hayamos visto hasta ahora en su versión cinematográfica.

Volumen II de Spider-Man: El otro.

He escuchado y leído en alguna crítica si acaso no habría sido conveniente el cambio de actor. Para mí, habiendo podido elegir, la respuesta es un rotundo no. Que siga siendo Tom Holland para este universo es óptimo. Un cambio así habría tenido menos impacto incluso del punto de vista intraficcional, pues ver el mismo rostro reaccionar al mundo que se desmorona a su alrededor es necesario. Igual de necesario es ver la reacción al dolor y la pérdida, a cuando MJ le confirma que el hechizo sí lo cambió todo. El actor siempre es parte del personaje, y otro no habría alcanzado ni de lejos la cota emocional a la que llega en la escena final con Ned o cuando se lleva la mayor decepción de su vida sobre esa azotea -la mejor y más dolorosa escena de la película-. Todo para ver cómo, al final, acabará reponiéndose. La mutación está completa, y para eso Tom Holland era necesario. De hecho, espero que siga, al menos, dos películas más encarnando al personaje. Porque si lo hace, va en camino de convertirse en un hito quizá irrepetible en la relación de un actor con el personaje.

Esto, efectivamente, es el reinicio del planteamiento, el comienzo de una nueva etapa. Pero no es ni mucho menos el reinicio del personaje, pues una evolución consiste precisamente en conocer tanto el paso previo como el que se ha de dar. La piel que deja atrás es la del adolescente, y hay que celebrar que no haya sido la piel de Tom Holland.

Las consecuencias de un pacto con el demonio

Antes decía que el personaje de Jean Gray corta algo el ritmo sobre la trama de Spidey por el protagonismo dedicado a la joven en la segunda parte. Aún así, se entiende la importancia porque están plantando una semilla esencial para el futuro de la franquicia. El caso es que la amenaza que supone este personaje antes de revelar su identidad es notable.

La carga dramática de dos escenas que se entienden mejor juntas gana en dramatismo por el engaño perpetrado por el personaje de Sadie Sink. No conozco mucho al personaje de esta mutante, pero la crueldad que muestra cuando está en el cuerpo de MJ es comparable a la del peor de los villanos. Es el deleite de un demonio. Fue así hasta el punto de que yo llegué a pensar que detrás de este personaje estaba Mephisto.

Esto no es casual, pues a diferencia de lo que ocurre en No Way Home, en los cómics Mary Jane se olvida de Peter por un trato con el demonio Mephisto. Este pacto se lleva a cabo para salvar la vida de tía May, y asistimos a una de las escenas más desgarradoras del personaje. Lo que decía Mephisto en esas viñetas me recuerda mucho a la crueldad que aquí muestra la chica mutante. Mephisto obtenía en las páginas de One More Day el placer de esa parte de ellos que grita por reconocerse sin hacerlo, esa desesperación que nosotros sentimos en el cine en la escena en la que se encuentran al final de No way home. Pero lo vemos sobre todo en esta película, en la azotea y en el refugio de The Punisher. El pacto demoníaco ha funcionado. En este caso Peter sí reconoce a MJ, que es ligeramente diferente al no reconocimiento de algo que amamos. Dolores distintos. Dolores que, si es posible, todos vivimos más tranquilos sabiendo que no tenemos que elegir. Es la elección entre el dolor de la pena o la desesperación insoportable. La parte de nuestra alma que grita, pero que estamos condenados a no saber por qué lo hace.

En este caso, la parte del alma acaba recordando en la escena final. Pero a diferencia de lo que creía Mephisto, no causa desesperación ni desasosiego, sino la certeza de que en las relaciones humanas siempre hay un intangible que nos conecta.

Spider-Man: Brand New Day

En el cómic, Peter incluso se encuentra con partes de sí mismo que podrían haber sido pero jamás fueron. Se encuentra con una niña que pudo haber sido su hija con Mary Jane, pero al olvidarse entre ellos esto nunca podría ser. Después de ese pacto, daba comienzo el Brand New Day en las viñetas. En el universo cinematográfico, el demonio es Doctor Strange, o al menos su inconsciencia. Cuando Peter acudía al hechicero en las viñetas ayudaba a este a asumir la inevitabilidad de la muerte, no a revertir eventos.

Antiguos enemigos, nuevos amigos

Más allá de la importancia de Jean Grey y de la carga emocional que suponen las escenas tanto con Ned como con MJ, hay dos personajes fundamentales para la interpretación de esta película. Son, por supuesto, El increíble Hulk y The Punisher. La incorporación de estos dos no es casual. En esa introspección dual que Peter atraviesa, ve en estos dos personajes un reflejo de lo que él está atravesando.

Antes decía que Peter no se llega a asomar al abismo con claridad, pero sí hay una insinuación sobre dejarse llevar por el instinto de la araña. Sobre perder el control, entran los personajes de Hulk y The Punisher. Hulk refleja esa dualidad sobre lo salvaje y lo civilizatorio. Vemos incluso ese dispositivo que funciona como una cohibición del otro, de uno de los yo. En Endgame pudimos ver cómo encontraba ese equilibrio y aquí hemos vuelto a ver al Hulk desatado, en paralelismo con un Spidey al que también hemos visto dejarse llevar.

Por su parte, El castigador es un personaje complejo que, aunque parte con la idea de hacer el bien, los medios a los que acude no importan si considera que el fin lo merece. Como humano, es moralmente muy diferente a Peter, hasta el punto de que está dispuesto a matar a una niña, por mucho poder telepático que posea. Peter sabe que no debe atravesar ese límite a pesar de haberlo perdido todo, porque su identidad es precisamente la de salvar a cualquiera independientemente de las consecuencias. En una escena especialmente enriquecedora de los cómics, Mary Jane le dice que valora su relación por encima de una moribunda tía May a la que parece haberle llegado la hora. Le confiesa que no se puede llegar a imaginar lo que se siente ser egoísta delante de la persona menos egoísta que existe. Y es que eso es Peter Parker, eso es Spider-Man. Al menos, la determinación de llevarlo a cabo. Tal determinación llega incluso a romper los pilares morales de The Punisher para que este pueda reconstruirlos a partir de ahora. La verdadera lucha de Peter no es el hombre contra la araña, sino la de nunca fallar a aquel que debe ser. El símbolo del bien a pesar de que se tambalea.

Aitor Marqués M

Aitor Marqués M

Escritor, literato y editor. Una buena historia no depende del medio, sino del modo. No es la que ocurre, sino la que podría haber ocurrido; en este mundo o en otro. Hablemos de ellas a la luz de la hoguera. Hablemos de ellas en Rohen.

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