¿Más que nostalgia ochentera?
Imágenes cedidas por SonyPicturesSpain
Es fácil de comprender que mi contacto con la franquicia es muy, muy limitado. Durante los dosmiles, lo que viene a ser mi infancia, la franquicia apenas conservaba la relevancia que alguna vez tuvo. Es verdad que hubo un intento de traerla de vuelta con una serie de animación en 2002 que se echaba en Cartoon Network, pero aunque he leído buenas cosas sobre ella, me temo que su impacto fue muy reducido. Sin embargo, no era fácil ignorar del todo de la iconografía de la serie. Incluso sin saber nombrarlo podía reconocer a ese rubio musculoso de corte de pelo cuestionable. Pero entonces llegó internet y He-Man era inescapable; la cultura y la iconografía de los primeros memes no se entienden sin He-Man y el equipo detrás de esta película lo sabe a ciencia cierta.
He-Man y los Masters del Universo nos ofrece un retelling moderno. Después de una escena de introducción en el que conocemos a Eternia y todos sus principales personajes, un flashforward nos lleva a la Tierra contemporánea donde Adam, (que todavía no es He-Man) se ve atrapado en el realismo más aburrido mientras intenta volver a su planeta natal. Este planteamiento puede generar bastantes dudas pero funciona sorprendentemente bien y es casi de lo mejor de la película. La clave de humor encaja perfectamente y ofrece una premisa sinceramente entrañable y empática de escapismo, y es que este es de los mejores puntos de esta nueva entrega.

Este intento de modernizar la franquicia no es un caso de «vamos a cambiar por completo el tono original y hacer algo más oscuro y adulto». Desde el primer momento las intenciones de la película se sienten honestas y simpáticas, es consciente de lo que es y su mayor objetivo es llevarte a ese escapismo ligero. No obstante, es verdad que la nueva entrega siente algo de vergüenza por su legado. Es infame la frase de de los X-Men de los 2000 de «¿Qué preferías, spandex amarillo?», renegando así de la esencia original tachándola por infantil o anticuada, cuando luego se ha demostrado que es un error. Y aunque esta película tiene frases similares sobre todo en torno a los nombres de los personajes, se siente más como un guiño cariñoso de alguien que recuerda con felicidad su pasado aunque le de cierta vergüenza reconocerlo.
Pero este escapismo no se termina de entender sin el conjunto que ofrece la película. Tenemos a Travis Knight a la dirección de la película, director de la incontestable Kubo y antiguo CEO de Laika. Y se nota. Toda la dirección de la película se siente bastante fresca y dinámica, especialmente en las escenas de acción. Era imposible quitarme la sonrisilla viendo algunas coreografías, por mucho que me importase o no lo que estaba pasando. A parte de estar dirigidas con mucha claridad y estilo, los especialistas y actores ponen un gran trabajo en la fisicidad de las escenas de combate.
Este saber hacer también se demuestra en el diseño de producción que en vez de optar por defecto por el CGI, hace uso de maquillaje y efectos prácticos siempre que puede. Y cuando es imposible hacerlo de otra manera el CGI está hecho con mucho mimo y personalidad, y el mejor ejemplo de ello es Skeletor. La película de 1987 optó por el maquillaje y una versión menos chillona del villano, pero terminaba por diluirlo bastante. En esta película en cambio, Skeletor desborda personalidad. Ya sea por el colorinchi al que no le han tenido miedo o por la expresividad de sus gestos parece que el villano vive en su propia película de animación, pero a la vez funciona perfectamente en su integración con el resto de personajes.


Todavía me cuesta creer que Jared Leto siga consiguiendo papeles importantes, claramente es un ejemplo de que la cultura de la cancelación no es como mucha gente dice, y en cuanto a su actuación es una de las más flojas. Aunque hay retazos de ese histrionismo del clásico, termina por ser una interpretación pasada por agua respecto a su fuente original. En una nota más positiva la actuación de Nicholas Galitzine como el protagonista es de lo mejorcito de la película y lleva a cuestas casi todo el encanto. Sin terminar de ser algo pasado de rosca, Nicholas ha conseguido un equilibro muy bien logrado entre el humor irreverente y lo entrañable.
Es verdad que como reimaginación de un producto ochentero basa mucho de su encanto en la nostalgia. Más allá de guiños directos que son mejores descubrir por uno mismo, la obra de Travis Knight claramente se fija en la adaptación de Gary Goddard con Dolph Lundgren como protagonista. Lo cual me sirvió de buena excusa para verla por primera vez y disfrutarla sinceramente bastante. Está claro que es un producto de la época pero no deja de ser muy entrañable y disfrutable. Y aunque la película del 87 fue un desastre para su productora, esta le gana el pulso en su ritmo, que es mucho mejor que el de la película de este año. Mientras que la primera mitad funciona rodada, hay algún que otro traspié que hace el camino a la conclusión menos dinámico de lo que debería ser.
He-Man y los Masters del Universo termina por ser una película muy entretenida y con suficiente personalidad para desligarse del blockbuster a la Marvel. Tiene alguna cosa que no termina de funcionar como el intento de mensaje de hablar de la masculinidad, pero el buen sabor de boca que deja su sentido del humor es lo que termina quedando por encima. Al final la película resulta ser una adaptación cuyo mayor objetivo es gente como yo, gente cuyo primer verdadero contacto con He-Man ha sido internet y en específico sus memes. Muchas de sus bromas adaptan este humor y le hacen referencias directas siempre que sale la ocasión.





