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Hay grietas que se abren con las palabras y crecen con el silencio

Crítica a «Esta soledad»

Un ejercicio de honestidad brutal sobre las fracturas invisibles de una generación que llega tarde a todo: a la estabilidad, a la calma y a la madurez.

Hay películas que buscan entretenerte, otras que pretenden conmoverte y unas pocas, las más incómodas, que se sientan a tu lado en el sofá, te miran a los ojos y te recuerdan aquello que intentas no ver cada mañana cuando suena el despertador. Eso es exactamente lo que hace Javier Giner en Esta soledad. Su salto al largometraje de ficción es un ejercicio de valentía estética y emocional que duele porque resulta inconfundiblemente real.

La trama se instala en los restos de lo que fue, en el naufragio silencioso del afecto. Leo y Lorea llevan cinco años intentando sostener un vínculo que hace tiempo se quedó sin combustible. En este amor no hay villanos, solo un desgaste corrosivo que no perdona.

Por un lado está Leo, quien se debate entre la devoción y el resentimiento al cuidar a un padre enfermo. Giner filma ese cuidado como una erosión lenta que vacía por dentro a quien lo ejerce. Por otro lado, Lorea deambula de un trabajo basura a otro con la urgencia de quien intenta agarrarse a un clavo ardiendo para no desaparecer del mapa. Lo brillante del guion es cómo entiende que el amor contemporáneo a menudo no se muere por falta de ganas, sino por puro agotamiento material, cuando la supervivencia económica te absorbe las 24 horas, ya no queda ternura para repartir en pareja.

Sería injusto hablar de los personajes sin destacar el trabajo titánico de sus intérpretes. Oriol Pla aborda a Leo desde una fisicidad asfixiante; sus hombros encogidos, su mirada esquiva y esa forma de contener la rabia hasta que parece que va a implosionar construyen un retrato desolador de la depresión masculina contemporánea, esa que no sabe verbalizarse y se pudre en silencio.

Frente a él, Marina Salas inyecta en Lorea una energía nerviosa, casi febril. Su interpretación transmite a la perfección la ansiedad de quien camina sobre una cuerda floja constante, sabiendo que cualquier tropiezo imprevisto la mandará al fondo del abismo.

Ambos habitan el cansancio. Su química en pantalla es la de dos náufragos que, en lugar de salvarse mutuamente, se hunden juntos un poco más al intentar mantenerse a flote.

Técnicamente, la película es un reto de contención que funciona como un reloj suizo. La cámara de Giner no busca la belleza impostada; prefiere la verdad de los espacios angostos, de los pasillos de hospitales donde huele a desinfectante y de los pisos compartidos donde las paredes se te echan encima. La fotografía huye de los artificios de color para entregarse a una paleta terrosa y grisácea que refuerza esa sensación de invierno crónico, tanto fuera como dentro de los personajes. El sonido, o la ausencia de este, juega un papel crucial. Hay silencios en Esta soledad que pesan toneladas, vacíos incómodos en una cocina que ha sido testigo de cómo hace mucho tiempo que son imposibles de llenar sin reabrir viejas heridas.

Esta soledad no es una película cómoda ni fácil de digerir. Te deja un poso amargo, una especie de resaca emocional al salir de la sala que te obliga a replantearte cómo estamos viviendo y qué estamos sacrificando en nombre de la supervivencia. Javier Giner demuestra una madurez pasmosa que rehúye los finales felices de postal y se atreve a mirar a los ojos a nuestra vulnerabilidad más descarnada. Una de esas películas que se quedan habitando en tu cabeza días después de haber terminado los créditos.

  • Lo mejor: el desgaste físico que transmiten Oriol Pla y Marina Salas, el retrato del dolor cotidiano y el manejo magistral del silencio.
  • Lo peor: un ritmo muy pausado que la hará difícil para los espectadores que busquen dinamismo.

Laura Suárez Neira

Laura Suárez Neira

Licenciada en Estudios Ingleses, apasionada de la literatura, la música y la cultura. Creo que tras cada obra hay otra historia que merece ser contada y disfruto acercándola a los lectores desde una mirada cercana y crítica.

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