La herida que no sana
Este documental recoge una parte del pasado en torno a la figura de Federico García Lorca, un personaje de nuestra España —de su España, aquella que tanto quería y defendía— y que sigue generando conversaciones y muestras de arte y sensibilidad tanto desde su obra como desde su persona. Por esta carga tan enorme que supone adentrarse en Lorca y por el contexto en el que se estrena este documental, es casi imposible no mencionar a La bola negra. Sobre la película de los Javis poco tengo que decir que no hayan expresado ya otros con anterioridad y de mejor manera, pero en el noventa aniversario de la muerte de Lorca siempre resulta un placer el poder contar con una ficción inspirada en apenas unas páginas inacabadas y un documental con archivos inéditos sobre la misma persona, sobre el mismo artista. La bola negra cumple su papel, y si no la habéis visto, deberíais. La voz quebrada por su parte cumple el suyo, aportando un pequeño grano a la enorme montaña de arena formada en torno a Lorca. Por tanto, para todos aquellos que buscan indagar más en el pasado, que buscan conocer los recovecos de la persona y aquello que vivió, para los que han visto La bola negra y desean conocer con más profundidad la historia, este es vuestro documental.
Lo que considero más importante, y en lo que se basa principalmente esta reconstrucción, es en el descubrimiento y exposición de un archivo histórico oculto hasta la fecha: el último amante de Lorca, su correspondencia, sus palabras, sus sensaciones y experiencias, guardadas hasta el día de su muerte y liberadas al mundo tras abandonarlo. Esto pone sobre la mesa dos cuestiones fundamentales: el descubrimiento de algo desconocido y el contexto que aporta y que se necesita para enmarcarlo.
Acerca de lo desconocido, Juan Ramírez de Lucas cuenta a través de sus recuerdos anotados lo que fue su relación con Federico, situándolo en los años previos a la guerra, en Madrid y en Granada. Revela muchas de esas cosas que se intuían o que se sabían parcialmente pero que ahora cobran más sentido de la mano de su último amor. Se presenta así también la oportunidad que tuvo, la que tuvieron, de salir de España hacia México, dejando una duda, como cenizas flotando en el aire, de qué hubiera sido de Federico si hubiera podido salir con vida antes de que todo estallase.
En ese sentido, el trabajo documental y de archivo resulta inmaculado, se entiende a la perfección tanto a nivel visual como a nivel narrativo cómo se organiza la línea temporal en torno a los documentos existentes. El espectador puede leer del puño y letra de Juan Ramírez de Lucas cómo fueron aquellos días, y la voz en off acompaña estos textos con retazos del propio Lorca. Quien lo haya visto, vestido de la Noche, meciéndose en brazos de la actuación, entenderá el hipnotismo de su figura y el duende que se esconde en él.
Sobre el contexto, todavía no se sabe dónde está enterrado. Esta frase se repite casi de manera automática e inconsciente cada vez que se habla del artista, pero más importante aún es entender por qué acabó desposeído de su vida. Asesinado. Las reducciones simplistas no sirven, y el documental sabe plasmar las circunstancias que rodearon y condujeron a su prematura muerte. Se tratan aquellos días previos al levantamiento, la caída de Granada a pesar de su resistencia y el inmundo desprecio hacia la vida por parte de figuras del sublevamiento como el general Queipo de Llano o Vallejo-Nájera. Se habla de la guerra y se habla de sus consecuencias. Se ve la prensa del momento, nacional e internacional, que gritaba y lloraba la pérdida de Lorca. Se entiende así, y desde la visión del propio Juan Ramírez de Lucas que tuvo que huir, un poco mejor lo que fueron aquellos días. De este modo, el documental recorre un pasado oscuro centrado en una figura como la de Lorca, pero a la que acompañaron miles y miles de inocentes.
Más allá de lo desconocido y su contexto, cabe destacar la estética usada. El documental funciona en un nivel estético bellísimo, pues no solo cuenta con unos actores de voz sobresalientes sino que adopta los símbolos e imágenes del propio Lorca, sus palabras, tal y como las que pronunció en el diario El Sol el 10 de junio de 1936 en su última entrevista1:
Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política.
El documental adopta todo esto con maestría y delicadeza, como se merece un artista de su talla, y al mismo tiempo lo muestra junto a la simpleza de unos papeles tangibles que por fin ven la luz del día. El hecho de que se hayan tenido que esperar más de 90 años para que esta historia vea la luz, de que términos como «guerra», «dictador» o «asesino» ahora nos parezcan tan lejanos o hayan sido manidos o de que todavía no se haya asumido la libertad para la comunicación de tantos temas hace que este documental no sea solo estimulante, sino necesario. Casi un siglo después, todo esto nos habla a nosotros a través de Lorca y de su historia y, sobre todo, de una herida a la que le quedan muchas historias antes de sanar.
- Recomiendo encarecidamente a todo el mundo que lea la entrevista completa, de la que quiero rescatar este brevísimo intercambio entre Federico y su interlocutor, Luis Bagaría: FGL – ¿Me quieres decir por qué tienen carne de rana todos los políticos que caricaturizas? LB – Porque la mayoría vive en las charcas.
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