Aunque con defectos, una experiencia muy sabrosa.
KuloNiku Bowl Up (que a partir de ahora llamaré Bakuso para mayor comodidad) es un simulador de cocina por encima de todo, pero, junto a su estética encantadora y sencilla, trae algunos mensajes mucho más maduros de lo que parece.
Nosotros, el o la protagonista (en mi caso, él) somos el nieto de una entrañable cocinera de ramen, y heredamos su pequeño local llamado Bakuso, que todos en la ciudad de KuloNiku parecen conocer y esperaban su reapertura con entusiasmo. Junto a nosotros viene Cassie, una compañera del protagonista de la universidad de hostelería, y rápidamente se nos unen otros personajes bastante divertidos, como Shuga, un ajetreado melómano del rock de nuestra principal rival, pero a la vez amiga, Stella, Ume como el estereotipo de chica tímida y gótica estilo lolita japonesa, o Dan, un compañero del pasado del protagonista.
Realmente de las mecánicas del juego no hay mucho de lo que hablar: es un juego relativamente simple que podrías esperar haber jugado en tu NintendoDS o en tu PSVita, con lo bueno y con lo malo.
El ritmo de juego es sencillo: llegarán 3 clientes al día, te harán sus pedidos y tú tendrás que prepararlos atendiendo a algunas especificaciones que te pidan, como puede ser que predomine algún sabor en específico, que se lo sirvas con cubiertos o con palillos o que evites ciertos ingredientes que no les agradan. Esto último, por cierto, causa el curioso caso de que, al generarse el pedido de forma aleatoria, algún cliente llegue a pedirte un cuenco de ramen sin sopa, sin fideos y sin carnes, lo cual se resume en servirle un cuenco vacío con un puñado de especias por encima, pero ésto es sólo algo anecdótico.

A lo largo del juego podrás mejorar tu zona de trabajo, añadiendo cosas como una arrocera, un servicio de bebidas, una parrilla para brochetas o una mejor tabla de cortar; lo cual se presenta a un ritmo adecuado para que te acostumbres sin problema a gestionar el aumento de ingredientes y peticiones progresivas cuando los pedidos de los clientes se van complicando, lo cual me lleva al siguiente punto: el ritmo.
Uno de los mayores problemas que le he encontrado al juego son la predictibilidad (que, por otro lado, a veces se agradecía) y los ritmos. Es fácil que una vez que la historia principal (porque, sí, el juego tiene historia principal) se empieza a encauzar, el jugador sienta que tiene que estar constantemente esperando y haciendo relleno hasta el final. Esto sucede mayoritariamente porque el juego te permite socializar o tener combates de cocina, única y exclusivamente los Lunes y los Jueves, lo cual tiene sentido para un horario de trabajo, pero a nivel de juego a veces se hace muy pesado. Siempre tienes que atender a más clientes y al final se puede hacer cansado y repetitivo.
Además, algunas cosas pequeñas como la limitada personalización o que el juego te bloquea la reputación en ciertos puntos hasta que superes una refriega o que al desbloquear los envíos a domicilio no te explican cómo regular la temperatura de la comida, hacen que el juego se sienta un poco reducido para lo que podría ser.
Por otro lado, algo que me ha sorprendido gratamente es que los amigos del protagonista no son solo los típicos personajes de relleno solo con un diseño chulo, sino que hablan de algunos temas más profundos en los que quiero meterme, pero ésto significa que debes tener cuidado con los spoilers, querido lector.

La primera que conocemos es Cassie, como ya he dicho, una compañera de la escuela de hostelería, a la que el protagonista acude para ayudarle en su negocio. Cassie al principio estará un poco en el fondo, ya que es la que técnicamente lleva la publicidad y presupuestos del Bakuso, mientras nosotros cocinamos y tomamos las comandas, pero pronto podremos profundizar nuestra relación con ella. Durante las salidas con Cassie, iremos notando cómo es la hermana mayor de varias hermanas (no recuerdo el número exacto, pero más de tres hermanas además de ella, seguro) lo cual nos confiesa que la hizo sentir que debía ser el ejemplo a seguir para sus hermanitas, con toda la presión que eso conlleva. Nuestra compañera demuestra tener algunos problemas de ansiedad y autoestima, ya que todo lo que hace debe salir perfecto, y si algún detalle falla, ella es la primera que se flagelará incluso si ese detalle no ha repercutido en absolutamente ningún problema.
Pronto llega Shuga, un joven mulato amante del rock y el típico personaje con trescientos trabajos temporales. Él mismo menciona que tiene tantos trabajos que a veces se siente mal por no poder quedar con todos sus amigos, ya que además es alguien muy sociable y vivaracho, pero ésto no es más que el principio. Si profundizamos nuestra relación con Shuga, éste acabará confesando que es genuinamente adicto a la música de Stella, que antes de escucharla se sentía vacío y perdido.
Aunque Shuga es quizás mi menos favorito de los personajes “romanceables” del Bakuso, es uno de los más impactantes, ya que nos habla de una forma bastante contundente sobre la depresión y la dependencia, algo casi extrapolable a la drogadicción, y con quien me puedo sentir identificado ya que el rock y el metal también me ayudaron a salir de algunos momentos duros, hasta el punto que ya tengo esas canciones tan quemadas que ya no las disfruto igual, tal como Shuga. Afortunadamente, gracias a nosotros y a algunas razones de fuerza mayor, Shuga entiende y aprende a regular su consumo de música y a buscar motivación por sí mismo.
Junto al Bakuso trabaja Ume, que además de ser la que nos venderá decoraciones, ingredientes y mejoras para nuestra cocina, es una joven con la que podremos salir de vez en cuando para conocerla mejor. Ume es el claro estereotipo de otaku o friki de estética goth lolita introvertida y con cero habilidades sociales, pero si la conocemos descubrimos cómo se esfuerza muchísimo por superar esta timidez que la caracteriza. El conflicto de Ume es, quizás, el más trivial de todos, ya que sólo se trata de animarla a que haga algunas actividades o discursos de cara al público y aconsejarla de que se apoye en anotaciones o reglas mnemotécnicas para agilizar el discurso, mientras sus padres, que son diametralmente opuestos y unos aventureros redomados, la critican porque ella prefiere quedarse en casa leyendo romantasy (y, aparentemente, true crime o novelas semi-eróticas con componentes siniestros de thriller) en vez de irse a hacer deportes de riesgo con ellos.

Además, después de dos o tres semanas in-game aparece Dan, un joven albino de carácter serio y cuadriculado, que pertenece al pasado del protagonista, el cual no parece querer volver ni revelárselo a nadie. Aunque no es un plot twist increíble, no quiero hablar mucho de ello, pero sí es entrañable cómo Dan, a medida que lo conocemos, es de esas personas cuyo trabajo es tan estricto que se ha comido toda su vida y personalidad. El juego constantemente nos demuestra cómo Dan es incapaz de, ni siquiera, disfrutar de un paso por la plaza sin pensar en el trabajo y en paranoias varias relacionadas a éste. La mayor parte de las citas con Dan se tratan de éste intentando convencer, y a veces incluso mentir y manipular, al protagonista para que vuelva al trabajo con él, y el protagonista negándose rotundamente. Pero pronto nos damos cuenta (y esto me rompió el corazón) de que en realidad Dan solo quiere volver a tener un compañero que le haga sentir completo, pues sufre un pequeño complejo de inferioridad y sin ese trabajo Dan ya no sabe qué hacer con su vida: no tiene amigos, conocidos, ni familia, sólo nos tenía a nosotros. Su insistencia al principio puede sentirse cansina, casi hasta creepy, pero si seguimos hablando con él podremos ayudarle a encauzar su vida y ayudarle a descubrir que lo único que quiere en la vida es ayudar a otros y, con ello, sentirse útil y suficiente.
Por último, técnicamente está Stella, la cual es dueña de otro restaurante del barrio y líder de la banda de rock Los Galaxias, ya que su local fusiona ramen y música rock. Con Stella en realidad no nos relacionamos mucho en casi todo el juego, más allá de los encuentros iniciales en los que nos desafía y se comporta un poco tsundere (término japonés referido a alguien que necesita proyectar una imagen inquebrantable y trata mal o ningunea a la persona que, en el fondo y en realidad, le gusta), pero hacia el final de la historia es interesante cómo ella y sus compañeros de banda hablan de los conflictos de intereses entre lo que una buena persona quiere hacer y lo que el dinero o tu jefe te obliga a hacer cuando todo lo que tienes y te importa depende de un contrato que está en manos de un corporativo avaricioso y manipulador.

Con todo ésto, quiero decir que KuloNiku: Bowl Up! es un juego muy carismático y adorable, y que, aunque con sus más y sus menos, es posible que si rascamos más allá de esa superficie cuqui, podamos encontrar mensajes profundamente humanos y hasta dolorosos, cosa de la que ni siquiera muchos juegos que, supuestamente, tratan precisamente de estos temas, pueden presumir. Y si eso no te interesa, siempre puedes divertirte cocinando y haciendo batallas al estilo Master Chef pero sin demasiado estrés o dificultad.




