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La destrucción de la memoria

Crítica a «Backrooms»

Como las propias paredes de la película, el género de terror transmuta y encuentra nuevas fronteras en Backrooms, el debut en la gran pantalla de Kane Parsons fantásticamente acompañado por Chiwatel Ejiofor y Renate Reinsve.

A la gente, y por gente incluyo a muchos que les gusta dárselas de entendidos, les encanta decir que las cosas no se hacen como antes. Que las películas de ahora no llegan a la suela de zapato de las de tiempos pasados, que ya les gustaría ser la mitad de buenas, que eso o aquello no es cine en mayúsculas ni cine a secas. Y aunque creo que todo el mundo que se crea en potestad de dar o quitar la etiqueta de arte a cualquier obra que no sea de su agrado se equivoca terriblemente, hay algo en lo que les puedo dar la razón, específicamente con esta película. Backrooms ni es como las películas de antes ni se ha hecho como se hacía antaño, pero es inequívocamente una obra nutrida por décadas de historia del cine y que a su vez podrá nutrir a décadas de películas por venir. La nueva película del jovencísimo Kane Parsons es una señal brillante de que no todo está inventado y el arte todavía guarda muchas sorpresas e imprevistas posibilidades. Pero no es solo cine lo que hay en esta película.

Origen y explicación

Backrooms nace de internet, y aunque la película funciona a modo de adaptación de la serie de vídeos de YouTube publicados por el propio Parsons, su verdadero origen no termina ahí. The Backrooms no es una obra cerrada con un único autor, sino un fenómeno que nace de forma esporádica e improbable. En 2019 alguien publica una foto real en un hilo donde la gente publica imágenes inquietantes. A primera vista la imagen es bastante inocua, unas paredes revestidas de papel pintada iluminadas por una luz plana y fría. Sin embargo no fue esta por sí misma la que dio pio al fenómeno, sino un comentario de otro usuario:

Si no tienes cuidado y haces noclip fuera de la realidad en las zonas equicocadas, terminarás en las Backrooms, donde no hay nada salvo el hedor de una moqueta vieja y húmeda, la locura del amarillo constante, el interminable sonido de fondo de las luces florescentes zumbando al máximo, y aproximadamente seis cientos millos de millas cuadradas de habitacionmes vacías aleatoriamente segmentadas en las que atraparse

— Anonymous, 4chan (13 de mayo, 2019)

La imagen que empezó todo

Aquí empezamos a ver que The backrooms se nutre de otros muchos elementos, como por ejemplo los videojuegos. «Hacer noclip» es un término propio del mundo de videojuegos que significa atravesar por error una pared como si no existiese, a menudo por un error del propio software. La foto original no es más que una sección vacía de una tienda real, pero fue este relato brevísimo en forma de comentario el que la convirtió en el origen de toda una obra colaborativa llena de matices. Kane Parsons no ha sido el único que ha explotado esta idea pues existen otros muchos cortos y videojuegos en torno al mismo concepto con muchos lugares comunes, pero sí es posiblemente quien le ha dotado de más complejidad e interés.

En su serie original en YouTube esta idea se expande en una miríada de habitaciones vacías pero sin embargo familiares. Estamos acostumbrados a que el terror esté decorado por escenarios decrépitos e inmediatamente incómodos, lugares abandonados, sucios y oscuros. Este es el terror más clásico y convencional, sin embargo, el terror del imaginario de las backrooms podría definirse con el concepto de «lo siniestro» de Freud. Más allá de la rica historia y sus entes que la pueblan, estas habitaciones nos generan inquietud por resultar familiares pero a la vez retorcidas. No están habitadas pero tampoco están sucias o deterioradas por el tiempo. Son ajenas a cualquier espacio real pero a la vez claramente relacionadas con lugares en los que hemos estado en algún momento. Una especie de simulacro de lo que podría ser un espacio habitable, pero que a su vez claramente carece de todo elemento acogedor, transformando algo que podría ser un hogar en un espacio sintético y aséptico. Todo esto es acompañado en sus cortos por una dirección que puede recordar a la forma y cadencias de juegos de terror muy influyentes como Amnesia o Silent Hill, donde el impacto no recae en un clímax generado por el ritmo de una dirección sino por la naturalidad y la crudeza. Pero volvamos a la película.

Backrooms (2026)

La adaptación cinematográfica pone el foco en Clark (interpretado por Chiwetel Ejiofor), un dueño de una tienda de muebles venida a menos. Clark asiste a una psicóloga, la doctora Mary Klyne (interpretada por Renate Reinsve) con la que discute sobre su situación actual y sobre la soledad que le atormenta. Paralelamente también vemos a la propia psicóloga peleando con sus traumas relacionados con una infancia turbada. Clark acaba por descubrir un espacio extraño más allá de las paredes del local, un espacio liminal en forma de laberinto de habitaciones vacías e inhóspitas. Este lugar genera una mezcla de fascinación y terror que absorben por completo a Clark arrastrándole a él y a lo que queda de su entorno a explorar las backrooms.

La serie original no tiene ningún protagonista fijo al que sigamos la pista de forma continuada, tampoco contiene apenas ninguna escena fuera de las propias backrooms ni diálogo que desarrolle a sus personajes. Esto funcionaba perfectamente en la mini-serie, pero aquí la apuesta es otra y estas inclusiones están construidas meticulosamente para desarrollar aun más todo el subtexto, del cual la peli está repleto. No es ninguna casualidad que el papel del protagonista y su espacio esté en una tienda de muebles. Estas tiendas, en su versión más americana y decadente como nos muestra la película, comparten muchas características con los principios de las backrooms: ambos corresponden a imitaciones desviadas de lo que sería un hogar, una especie de colección de elementos que en otro contexto podrían ser acogedores, pero que en cambio aparecen expuestos de manera artificial.

Mientras veía la película no podía evitar pensar en la entrevista que hicieron a su director en el canal Smosh Alike donde decía «no crearía un misterio si no tuviese una respuesta». Kane Parsons explicaba que no hay prácticamente nada en su obra puesto al azar, todo tiene significado. Ya estaba claro en su miniserie que prácticamente era un puzzle a resolver, llenando internet de teorías alrededor de cada capítulo. De forma sutil e inteligente Parsons ha construido un microcosmos fascinante con la exposición más minimalista posible. ¿Pero cómo se ha traducido? Uno de mis miedos era que la película explicase las cosas de más, y por un lado este miedo se confirmó. Backrooms no es un capítulo largo de la mini serie, es una adaptación de todo el universo que ha creado pero con mucha más exposición que en la fuente original. Ojo, esto no quiere decir que la película sea expositiva, para nada, pero sí deja entrever de forma mucho más clara cuáles son las ideas que alimentan a las backroom. Conceptos como la memoria, que en la serie original estaban presentes aunque no fuesen mencionados, aparecen nombrados directamente en varios momentos en la película. Pero este mayor nivel de exposición termina por funcionar perfectamente por el nuevo plano más humano que aporta la adaptación. Tanto Chiwetel Ejiofor como especialmente Renate Reinsve aportan unas interpretaciones brutales. El trasfondo de los dos personajes añade una pieza más al puzle que más allá de volverlo más engorroso lo complementa perfectamente. El terror existencial de estos espacios liminales termina de explotar realmente gracias al factor de empatía que ambos aportan.

Kane Parsons, nacido en 2005, durante el rodaje

Kane Parsons también trae nuevas ideas a la adaptación con su dirección. Obviamente tenemos cosas como el found footage, pero aquí solo es una pieza más. Durante el grueso de la película la dirección opta por otros ritmos y formas. Es muy curioso por ejemplo el uso de la fotografía y los encuadres. Durante la mayor parte de Backrooms sus personajes aparecen fuera del centro del plano, desplazados por los muebles que los rodean. Solo aparecen en el centro del plano en momentos clave donde su psique juega un papel relevante, integrándose en la locura de su entorno. Este detalle entre otros sumada a una edición muy minimalista y pausada me recordaba a los momentos más surrealistas de la tercera temporada de Twin Peaks, con una ambientación prácticamente crujiente pero que deja todo el espacio posible para que te ahogues en ella.

Creo que Backrooms es un triunfo, un nuevo terror que sabe mirar atrás pero que se siente perfectamente fresco. La película producida por A24 no es simplemente un intento de capitalizar una moda internetera, es un producto con sustancia al que no le preocupa que pueda no encajarle a todo el mundo. Claramente es una aproximación consciente de su naturaleza de adaptación, por eso creo que se disfruta más sin las expectativas a tu espalda de la serie, pero esto es de lo mejor que se puede decir de una adaptacioón: La película funciona perfectamente por sí misma.

El subtexto

Aquí me gustaría entrar un poco en spoilers y dar mi interpretación de qué está pasando y por qué. No voy a destripar como tal ningún hecho específico pero sí quiero dar una explicación a todo lo que pasa, hablar de cómo se desarrolla su subtexto y cuál es exactamente (o creo que es). Por lo que si no has visto la película no voy a arruinar nada de la trama, pero a lo mejor prefieres ir sabiendo lo menos posible.

Antes hemos mencionado el concepto de la memoria, y esto no es solo importante para el trasfondo de sus personajes, sino que envuelve por completo todo el cosmos de los backrooms. Estas habitaciones nos hablan de nosotros a través de la memoria. Varias escenas nos muestran como el recuerdo de la niñez de la psicóloga está atado a un espacio concreto pero ahora mismo inexistente. Estos traumas se amasijan con los espacios que los vieron nacer, corrompiéndolos hasta desdibujarlos por completo. Muchas veces las backrooms aparecen como mímesis corruptas de lo que un día fue algo humano. Aquí también juega un papel la estética particular de este espacio: luces frías, espacios casi de oficinas, ausencia de decoración… Una estética muy enraizada con la iconografía americana del boom del capitalismo. La serie hace más patente esta idea enseñando que el descubrimiento por parte de una megacorporacion de este espacio infinito iba a usarse para su venta para oficinas, almacenaje y, más importante, vivienda. La respuesta a la necesidad vital de tener un lugar que ocupar es el no-lugar, un laberinto de paredes desprovisto de humanidad. Nos suena de algo, ¿verdad? Todo espacio que habitamos juega un papel fundamental en nuestra construcción de la identidad en nuestra experiencia vital, pero ¿son todos los espacios igual de pertinentes para crear recuerdos? Las backrooms imitan espacios idealizados, pero como la película explica «es como si describieses un perro a alguien que no lo ha visto nunca para que lo dibuje». ¿Y qué pasa con los espacios con los que sí mantenemos vínculos, buenos o malos? Muchas veces el recuerdo es el último vínculo que mantenemos, y esto también se traslada a nosotros mismos, las personas. Las backrooms aparecen despobladas, sin embargo sí hay gente en ellas. Personas deformadas por la memoria, intentos de traer de vuelta algo que ya no existe salvo en tu cabeza. Por esto creo que Backrooms es de los mejores ejemplos que hemos visto en el cine de terror cósmico; la película aprovecha toda su iconografía extraña y diferente para hablar de un tema omnipresente en toda la cultura, la muerte. El miedo a morir es el miedo a olvidar y que nos olviden, el miedo a estar atrapados en algo que no conocemos.

Mario Cembellín

Mario Cembellín

Licenciado en Literatura, fundador y editor de Rohen. Me apasionan demasiadas cosas como para poder dedicarles el tiempo que querría a cada una. Defensor a ultranza de que no existe arte elevado y no elevado. Plasta número uno en España sobre el sumo.

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