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¿Hasta dónde puede llegar esta saga?

Crítica a «El Archivo de las Tormentas I: El camino de los reyes»

Tras las recientes noticias sobre su adaptación, analizamos los puntos fuertes y menos fuertes en la saga cumbre de Brandon Sanderson

Ilustración de portada por Michael Whelan

Sobre que Brandon Sanderson es un constructor de mundos magnífico nadie alberga ya dudas. Pero si en algo destaca todavía más que en el qué, es en el cómo. La narración comienza con unos personajes y una situación sublime arrasada por una tormenta. Solo entonces dará comienzo la auténtica historia de Roshar.

La adaptación

Revisando las notas que recogí durante la lectura de este libro hay una que en estos momentos destaca sobre las demás. De hecho, fue la primera, mientras leía el prólogo hace ya más de un mes. «Aquel que adquiera los derechos sobre esta saga tendrá el poder supremo». Esto ha cobrado sentido hace tan solo unos días, cuando la noticia sobre que el Cosmere ha caído en manos de Apple en su formato audiovisual nos ha pillado por sorpresa a muchos. Afortunadamente, con las dos manos de Sanderson sosteniendo su universo también fuera del papel, el autor tendrá el control absoluto sobre las decisiones creativas tanto en la adaptación de Mistborn como en la de El Archivo de las Tormentas. La primera, en tres películas; la segunda en formato serie.

El gigante del streaming ha cerrado lo que se ha descrito como un acuerdo sin precedentes para obtener los derechos de los libros de Cosmere según informan en exclusiva para The Hollywood Reporter ,

Sobre si el control de esta franquicia otorgará el poder para gobernarlos a todos, habrá que verlo. De momento, no cabe duda de que este universo tiene el potencial para ser la cumbre de los productos de fantasía. Tras una década a sus espaldas siendo el género de moda, puede ser la culminación del género en pantalla o resultar un descalabro absoluto en el que, al menos, se podrá señalar a su autor como principal responsable.

Aunque no quería dejar de comentar lo anterior, toca ahora hablar, por fin, de las impresiones sobre el primer volumen del Archivo, que lleva el título El camino de los reyes. Las alabanzas a este libro son merecidamente granjeadas, pero cabe señalar que su narración, a menudo una satisfactoria llanura por la que caminar, se quiebra en algunos conceptos. Vamos ahora a analizar casi todo lo bueno y casi todo lo malo que contiene entre sus páginas, pues si tuviera que diseccionarlo todo tendría que dedicar mucho más tiempo del recomendable si quiero que alguien se quede a leer esto.

Crítica a «El camino de los reyes»

No deja de ser curioso cómo la fantasía, que empezó como un género que contenía tintes utópicos, ha ido evolucionando cada vez más a un género que presenta no solo mundos deteriorados, como en Tolkien o Lewis, sino mundos a los que no quieres escapar, mundos corruptos y gobernados por la guerra y la esclavitud. En estos mundos de fantasía los personajes ya no luchan ni por la belleza natural ni por la belleza que implica la idea del bien, pues lo desconocen. Sencillamente están avocados a enfrentar un mundo en el que gobierna el odio. Es lo que ocurre en esta novela, en la que no se lucha por ese concepto de bien universal, sino por descubrirla entre una plaga de conflictos cuyas decisiones morales no son tan fácilmente discernibles.

Sobre que Brandon Sanderson es un constructor de mundos magnífico nadie alberga ya dudas. Pero si en algo destaca todavía más que en el qué, es en el cómo. Al inicio de la novela presenta unos personajes y una situación sobre la que el tiempo pasará como una tormenta. Es tal el olvido sobre aquellos hechos, tal el deterioro de los reinos humanos, que en el presente del relato vemos cómo ha cambiado el sentido y la interpretación de la historia bajo unos intereses concretos. Y no es esto lo novedoso, sino cómo vinculados a esos hechos cambian los principios morales que sostienen el mundo. Sobre todo en lo que se refiere al reino de Alezkar, que es el que marca la pauta de Roshar –nombre de este mundo– y cuyo belicismo parece haberse convertido en la máxima aspiración.

Los Reinos Plateados

Cada uno de los protagonistas se ve impelido a encontrar las verdades detrás de los mitos por un motivo diferente. Kaladin accede a un poder perdido a través de la terquedad por hacer lo correcto y por proteger al indefenso. Dalinar se ve impulsado por la lealtad, por cumplir el propósito de su hermano antes de que lo mataran. Shallan busca la supervivencia de su familia hasta que descubre algo más importante: la memoria y el conocimiento del mundo. Siguiendo cada uno su propio camino no solo empiezan a acercarse a la verdad olvidada y a los otros, sino a unos pilares morales que pueden marcar las pautas de una realidad deteriorada por la guerra. Su perspectiva no es la de alcanzar un pasado glorioso, sino la de descubrirlo. Al menos, ese es el tratamiento en este primer volumen.

De hecho, el prólogo hace advertir al lector algo tan importante, tan inconmensurable, tan divino, que hasta cierto punto cuesta volver a calzar las botas de la mortalidad. Sobre todo cuando sabemos que quedan muchas páginas para que la narración nos vuelva a acercar a esto. Porque pasado el prólogo, los primeros episodios pueden ser áridos. La máxima consigna es la paciencia, ya que los elementos presentados no son de una complejidad desentrañable. Las piezas no están dispuestas arbitrariamente, sino que el libro está escrito y estructurado precisamente para que el lector conecte las piezas al final del libro y, además, sonría pensando en las que quedan por encajar para los siguientes.

He escuchado y leído a menudo que este es un libro para los que tienen bagaje con la fantasía. Sin embargo, muchos aguantamos porque tenemos la certeza de que merecerá la pena. Porque a pesar del “viaje antes que destino”, el viaje puede resultar tedioso y el destino es lo que recompensa. Por ejemplo, volver al pasado de Kaladin puede resultar a veces engorroso y, aunque es clave para el desarrollo, puede contarse en menos capítulos. Pasa lo mismo con la insistencia en el monólogo interior. Es interesante la exploración de los miedos, los defectos heredados o incluso la depresión, pero eso no quiere decir que no resulte repetitivo cuando está en los puentes. De hecho, el status quo, en mil doscientas páginas apenas es alterado a excepción del principio y del final, en las acciones que se disparan y en las que se concluyen. Hay capítulos que se pueden resumir en un par de frases, pues a veces los eventos son tan dilatados que se confunden entre sí. Y aunque casi todo en una narración implica algo, a veces es tan poco que dos o tres cosas podrían juntarse en un mismo capítulo.

Vista de las Llanuras Quebradas por Bryan Mark Taylor

Lo cierto es que no es fácil hacerte partícipe de la depresión de Kaladin por muy interesante que sea la idea. Aunque deja claro que incluso sin las numerosas tragedias a las que el destino le somete, él siempre ha tenido tendencia a la depresión. Claro que es original introducir esto en un universo fantástico, así como otras cuestiones psicológicas, pero las circunstancias vividas acaban imponiéndose a su tendencia depresiva. Kaladin acaba siendo más admirado por reponerse a sus continuas tragedias que por imponerse a su propia mente, pues ambas cosas acaban haciéndose indivisibles. La cuestión sobre su hermano o la traición de Amaram son mucho más importantes que el esfuerzo por superar su mente. El contexto es más «sentido» que su psicología, que aunque se describe, no se «vive» o «experimenta«. De hecho, a veces Sanderson cae en este error del narrador novato: explicar en lugar de mostrar. En ciertos momentos, nos dice lo duro que es algo cuando en gran medida ya nos lo ha mostrado. No es una conclusión que la escena necesite. Claro que la muerte de un compañero es algo muy complicado. A lo que quiero llegar es que no deja de ser llamativo que así como a veces confía en el lector, otras siente la necesidad de cogerle de la mano.

Por su parte, la introducción sobre las inseguridades de Shallan llegan mejor o de igual forma que su contexto. En su caso sí consigue generar el mismo interés por su mente que por el contexto en el que se mueve. Vemos que es valiente precisamente por lo miedos que conocemos, y valoramos su decisión por las dudas que se nos muestran. También funciona en el caso de Dalinar, del cual es interesante cómo su cambio de perspectiva cambia su mente. En su caso, contexto y psicología son indisolubles, pues a diferencia de los otros dos jóvenes, él ya era un hombre con el aprendizaje completado antes de los eventos de la novela. Podríamos pensar que la empatización con él es menor por su condición noble, pero ver cómo las certezas que han marcado su vida y la de todo un reino se tambalean ahora son de lo más destacable del libro. Su estatus incuestionable ahora se cuestiona precisamente por acercarse a las verdades olvidadas de su mundo. Realidad, mito y psicología de los personajes confluyen, lo que resulta original y de sumo interés en esta obra.

Sanderson es un maestro de la sutileza en lo que se refiere a dar pistas sobre las verdades de ese mundo, y, sin embargo, carece un poco de esto cuando se trata de los personajes y sus relaciones. La idea que debemos tener sobre ellos es interesante, pero es mejor lo que pretende sugerir que su ejecución. Los protagonistas se sostienen en gran medida porque el mundo en el que se mueven se sienta en unas bases cada vez más sólidas, pero necesita esa gran cantidad de páginas para que se conviertan en seres humanos reales. Lo acaban haciendo, pero a Sanderson le cuesta dar unas pinceladas sin tener que volcar todo el bote de pintura. Hemos visto tan a menudo sus motivos y sus miedos, incluso su pasado, que no empatizar hacia el final del libro con ellos es del todo imposible. Esto puede justificarse con el hecho de que es el primer libro, y hace ya más de una década que lo escribió, pero sus conversaciones son a veces impostadas y, como ocurría en Mistborn, es incluso peor en lo que se refiere al romance.

Las conversaciones entre Shallan y Kabsal son a menudo las de un torpe romance que ruboriza no por los motivos que debe ruborizar. Cabe aclarar que mi lectura ha sido en castellano, por lo que no sé hasta qué punto lo que estoy comentando se debe a la traducción.

El punto en el que acierta de pleno es el de la sorpresividad. Todo aquello con lo que nos hemos familiarizado en mil páginas resuena con toda su potencia cuando hace encajar las piezas. Esto ocurre especialmente en la quinta parte, cuando te das cuenta que las relaciones tienen una conexión a menudo insospechada y coherente que te alegras de no haber adivinado antes. Las cuestiones como las de los parshmenios o la de los spren han estado frente a nosotros todo el tiempo, pero cómo encajan en ese mundo es la auténtica magia de esta novela. Y a esto me refiero con que el punto fuerte no es tanto el universo creado o worlbuilding, que también, sino en cómo este se revela progresivamente.

Arte conceptual de Szeth por Ben McSweeney

La acción es completamente visual, los combates son imágenes que se recrean en nuestra imaginación con una brutal espectacularidad. Que un tipo con una armadura brillante invoque una espada de dos metros no puede ser menos que épico, y por tanto en una adaptación el riesgo de no cumplir las expectativas generadas por nuestra mente es tan grande como inevitable. También se saborean las posibilidades con las escenas de Szeth y los poderes que tienen que ver con lo gravitacional o la absorción de las esferas. Esto puede ser un gran deleite si se cuenta con el presupuesto y la coreografía adecuada. Sin embargo, de nuevo en nuestra imaginación como lectores vemos perfectamente a Szeth corriendo por las paredes y el techo, vemos el peligro que supone este tipo cuando alguien peligroso lo controla. Es un arma letal y que lo envíen a matar a uno de los protagonistas al final del libro genera un cliff-hanger potente.

Para ir cerrando, cabe destacar dos últimos aspectos. Uno es el de los intervalos, donde vemos el punto de vista de personajes secundarios fuera de la acción principal, pero que tiene y tendrá una especial relevancia en las entregas posteriores. Está bien salir de esas perspectivas para contemplar lo que ocurre en otras partes del mundo o qué percepción se tiene de lo que ocurre en el centro de la acción. El otro punto, relacionado con este, es el de la descripción y construcción de pequeñas dosis que va dando sobre las diferentes razas y culturas que pueblan este mundo. Es curioso que esta sea una de las cosas que más interés despiertan, convirtiendo al lector en un antropólogo que quiere ir a investigar. Pasa, entre otras, con los parshendi, con los shinh o con los unkalaki (los comecuernos). Algunos, alejados de las acciones decisivas de su mundo, son sin embargo parte esencial de este, lo que se atisba como que aunque han sido olvidados por Alezkar o Jah Keved, deberían volver a cobrar un importante papel en los acontecimientos del futuro.

Aquí se cierra este análisis sobre el primer volumen del Archivo. Este ha sido el primer paso, pues en las próximas semanas irá llegando el análisis de cada volumen para retractarme o perpetuar algunas de las cosas que he adelantado por aquí. El libro me entusiasma lo suficiente para seguir haciéndolo, y esto es solo el inicio de lo que este universo que Sanderson ha creado puede deparar todavía. En papel y en pantalla.

Hasta Palabras Radiantes.

Aitor Marqués M

Aitor Marqués M

Literatura y cine. Una buena historia no depende del medio, sino del modo. No es la que ocurre, sino la que podría haber ocurrido; en este mundo o en otro. Hablemos de ellas a la luz de la hoguera, hablemos de ellas en Rohen.

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