La victoria se celebra a la luz, pero se conquista en la oscuridad.
Hace poco más de un año HBO Max estrenaba una serie difícil de ubicar en el mapa de interés, tanto en el universo de Dune como en el universo seriéfilo.
En este artículo vamos a evitar todo spoiler presente más allá del primer capítulo. Esto se debe a que va dirigido también a aquellos que, como el que escribe, hasta ahora nunca se decidieron a ver la serie.
Elegir una película resulta mucho más sencillo que elegir una serie. A esta hay que dedicarle un preciado tiempo que podría dirigirse a otros productos acumulados en esa interminable lista. Lo que se escribe en esta web, aunque va dirigido a resaltar o criticar cosas de las obras, también hay una parte que se encarga de esta tarea. Es el caso de este artículo. Para los que hayan sopesado en algún momento ponerse esta serie, aunque solo tenga seis episodios, la consigna es fácil: esta serie es muy recomendable para todo aquel que disfruta de Dune o le interesa su universo. Vamos a ello.
Asumiendo imposible alcanzar la cota estética que alcanzan las dos películas de Denis Villeneuve en una serie, su historia está a la altura del mundo al que pertenece. Al conocer su lugar, es capaz de generar un interés por lo que está por venir, tanto en lo que se refiere a 10000 años después como el porvenir inmediato. Y es que esta serie está situada 10.148 años antes de los acontecimientos de las películas. Tan remotos son estos hechos que los Harkonnen aún tenían pelo. Sin embargo, la enemistad entre estos y los Atreides ya estaba patente.
El capítulo piloto me parece imperdible para todo fan de Dune, sea de las novelas de Herbert o de sus adaptaciones. He leído una crítica en Hollywood Reporter que dice que la serie gana en interés a medida que avanzan sus episodios. No comulgo con esa opinión, pues aunque la tensión se mantiene hasta el final, su mayor interés reside, sobre todo, en los dos primeros episodios.
La expansión del universo da contexto a mucho de lo que vemos en las películas. Sin ir más lejos, conocemos, como mínimo, a otras dos grandes casas además de Atreides y Harkonnen. Conocemos también, por supuesto, el origen de las Bene Gesserit o, lo que es más importante aún, por qué se crea su Hermandad. Obviando las novelas, donde el detalle siempre es más profuso, la serie da cuenta de dos poderes que manejaban estas mujeres y suscitaban un gran interés: por un lado, son capaces de detectar la mentira en cualquier individuo; por otro, toman control de las acciones ajenas través de una imperiosa voz. El entrenamiento sobre estas cuestiones es algo que también tenemos por aquí, y cómo este lo utilizan en sus estrategias políticas es otro de los motivos para acudir a esta serie.
Pero ante todo, trata otra de las grandes incógnitas que planteaba el universo de Dune: en qué medida tiene parentesco con nuestro mundo. Este asunto es de los más interesantes que se plantea en la obra de Herbert, pues la respuesta tiene relación con la inteligencia artificial y por qué fue prohibida. El cuestionamiento moral en este y otros asunto siempre está presente en la saga. Además, esto guarda relación con esas capacidades -a menudo extraordinarias- de algunos personajes. Estas habilidades, en apariencia sobrehumanas, pueden explicarse a través de una decisión legislativa: la supresión de la IA tras su rebelión.

Esa extraordinaria habilidad a menudo parecía hacía sentir a los personajes fríos, lejanos a nosotros. Este contexto nos lleva a pensar que nos les quedó más remedio que priorizar unos rasgos por encima de otros.
Fue un Atreides quién lideró la rebelión de los humanos contra las máquinas inteligentes. Después de eso, las Bene Gesserit no podían permitir que el imperio estuviese controlada por la ambición individual de los poderosos. Por eso, para asegurar su buen gobierno, la Hermana Raquella, junto con La Hermandad, creó un gran archivo genético sobre las casas del imperio para empezar a jugar con él: planes en los planes de los planes. Porque la gran elaboración de un plan de una casa o de un personaje importante nunca está por encima del plan de las Bene Gesserit.
El lector de los libros ya conoce el inconmensurable poder de influencia que estas “brujas” ejercen en el universo de Dune. El que ha visto las películas puede hacerse una idea, pero no hasta qué punto. Allí no contemplamos su perspectiva, sus objetivos, ni todo su poder. Este es uno de los grandes puntos de la serie, en la que vemos cómo manejan los hilos, cómo los que ostentan el poder obedecen, a menudo sin saberlo, a las motivaciones de la Hermandad.

El poder de estas mujeres es tan grande que, quizá, nada puede escapar de su control. A excepción de ellas mismas. Lo interesante de esta serie, es que de pronto surge un poder que puede hacer tambalear esta idea. Aunque según sus propias leyes la Hermandad es lo primero, las hermanas protagonistas se encargan de tener sus propias ambiciones. Que, por cierto, son unas Harkonnen con un resentimiento relativamente justificable.
Esta necesidad natural de doblar la rigidez de su orden ya estaba las películas, donde la propia Dama Jessica está tentada de olvidar su deber por el amor que profesa al duque Leto y su hijo Paul. Aunque en esta serie la Hermandad está en pañales, los motivos divergen, y se sugiere lo que perfectamente podría ser una guerra civil de no ser por la implacabilidad de la protagonista.
Además de resaltar un reparto casi inmejorable que proviene en su mayoría del teatro, tenemos al personaje de Desmond Hart (el Ragnar de Vikings), que se alza como otro de los puntos fuertes de la temporada. Es este un guerrero al mando del emperador que logró sobrevivir, nada menos que a un shai hulud. Es decir, a un gusano de Arrakis. Y a pesar de eso, esta no es la única vinculación inesperada entre este personaje y Paul Atreides. Las incógnitas que quedan sobre este personaje quedan para la segunda temporada, en la que además, y sin saber si es en ese momento de la cronología en las novelas, podríamos ver el origen o un vínculo con la gran élite militar del imperio: los sardaukar.
No quiero olvidarme de mencionar a su protagonista, la gran Valya Harkonnen, destacable tanto en su juventud como en su madurez. Con esto termino la recopilación de motivos y crítica velada para acercarse a esta serie. Para el que escribe, sin duda es un aperitivo saciante hasta que, el próximo año, se produzca la llegada del mesías de Dune.





