Las revelaciones de una transgresión
Hace uno días finalizó la grabación de la cuarta temporada de una historia cuyos misterios se han cebado casi hasta la extenuación. From es ya conocida por los misterios que abre sin haber cerrado ninguno. Sin embargo, la mayoría nos mantenemos en el camino. Eso se debe, en gran parte, a que el final de la tercera proporcionó respuestas. No completas, pero tan significativas como para dejar la senda expedita para su desenlace. Sin fecha oficial de momento, la cuarta temporada llegará en el primer tercio de 2026. Pasemos a analizar aquello que vimos y que, quizá, podríamos ver.
Ofrecer las consecuencias antes que las causas nos genera una curiosidad innata. Esa es la premisa de toda novela policiaca. Es casi la misma fórmula pero con elementos intercambiables: vemos las consecuencias devastadoras de un origen oculto para sus personajes. El hecho de no conocer provoca esa necesidad innata y la correspondiente adicción a la historia por nuestra parte. Es el caso de muchas obras literarias e historias del medio audiovisual con las que no podíamos dejar de devorar capítulos. Se me vienen a vuela pluma obras como Shingeki no Kyojin y su verdad sobre los muros; Severance y los artificios de Lumon y su separación; o el origen sobre los viajes en el tiempo de Dark.
En el caso de From tenemos la gran incógnita sobre un lugar cruel y misterioso. Como espectadores buscamos las causas mediante un procedimiento lógico y analítico, representado en la serie con el personaje de Jade. Sin embargo, ese procedimiento se dificulta cuando las pistas que se nos dan son escasas y los hilos conectores son casi invisibles. Hasta la tercera temporada.

Cuando vemos una serie de estas características nos preguntamos si los guionistas están improvisando o el final está determinado desde el principio. Si es lo segundo y la serie se construye sobre esa base, la satisfacción que producirán las conexiones reveladas serán grandes. En una serie como From, en la que después de tantos capítulos se nos abrían pequeños misterios en lugar de cerrarlos, crecía la incertidumbre sobre esto. En este tipo de historias esa conclusión es fundamental, pues es la argamasa sobre la que se sustenta todo lo anterior.
La tercera temporada deja dos sensaciones. La primera es que titular a la serie “From”, con las connotaciones sobre un origen que esto sugiere, sería contraproducente sin tener esa explicación final antes de poner en marcha el proyecto. La segunda sensación es que las conexiones de los capítulos de la tercera temporada con las anteriores provocan la esperanza de un final prometedor. Vamos a analizar esas cuestiones que se nos presentan en la tercera.
Spoilers
Que nada es casualidad es una de esas cosas que imaginamos casi desde el inicio de la primera temporada. Si hay un origen, hay una explicación lógica a los acontecimientos. El problema es la dificultad y los sacrificios que requiere encontrar las respuestas. Ya hemos visto que tratar de adquirir el conocimiento implica despertar la crueldad de un pueblo implacable. Cuando la caja de Pandora se abre, las consecuencias son devastadoras: los males de la humanidad son revelados.
Uno de esos males es lo que explica lo que está ocurriendo aquí. La humanidad ha estado siempre limitada por su propia naturaleza. Intentar superar ese límite a menudo tiene consecuencias fatales: no podemos equipararnos al poder de un dios. Si no, preguntemos a Viktor Frankenstein o Dorian Gray si aprendieron la lección. El caso es que hacerlo implica una trasgresión imperdonable. Los que caminan en la oscuridad deleitándose con la muerte de los habitantes, cometieron ese pecado.
El más grande de esos límites naturales es nuestra mortalidad, la cual hemos tratado de retrasar todo lo posible a lo largo de los siglos. Dependiendo de los medios de cada época, se recurría a la fuente de la inmortalidad, a tónicos milagrosos o, en la actualidad científica, a métodos médicos por explorar. La búsqueda de la inmortalidad es un tema eterno en la literatura o el cine. Los griegos llamaban hybris a ese deseo de alcanzar rasgos divinos: la soberbia del ser humano. Pero, para obtener la inmortalidad, hay que hacer sacrificios y, probablemente realizar un pacto de cuyas claúsulas el que pacta no es consciente. El asunto es que este pacto no se hace nunca con un ser benefactor, sino con uno en cuya sonrisa se esconde una letra pequeña condenatoria.
Es la eterna sonrisa de la serpiente en el paraíso, cuyo pacto es siempre antinatural.
Sabemos que un grupo de humanos hicieron ese pacto para obtener la inmortalidad. No sabemos cuándo, pero la Guerra de Secesión parece ser fundamental. Lo que sí sabemos es que las condiciones sobre esa vida inmortal estaban en una letra pequeña escondidas tras la sonrisa. ¿Era la sonrisa del hombre del traje amarillo? El asesino de Jim reía desde la radio en la primera temporada: “tu mujer no debería haber cavado ese hoyo”. Quizá acabe por no ser él, pero desprende un tufo a Satanás que señala una implicación evidente.
De este modo se nos da una pista enorme sobre el origen: un pacto diabólico para alcanzar la inmortalidad. Las consecuencias de ese pacto son las que hemos visto a lo largo de estas tres temporadas: “la noche es oscura y alberga horrores», se diría en otra obra de HBO.
Consecuencia de ese pacto es la maldición heredada. El sufrimiento y la culpa es transmitido entre generaciones y la única forma posible de acabar con esa maldición parece la salvación de los niños, una forma de redimir los pecados procedentes de los antepasados. La figura del niño de blanco indica esa resolución. Este personaje parece ser la figura benefactora para los personajes, quien contrastaría con lo que representa el personaje del traje amarillo. Veremos cómo llegan a salvar a esos niños en la que, espero, sea la cuarta y última temporada. Aunque me temo que ya se ha insinuado al menos una quinta por parte de los productores.

Todo parece orquestado por una fuerza superior o, al menos, por esas dos fuerzas confrontadas. La pregunta es hasta qué punto los personajes tienen la capacidad de cambiar el transcurso de los eventos o están irremediablemente predeterminados a ello. Que Tabitha saliera de aquel lugar al final de la temporada anterior tampoco parece que estuviera bajo su control: todo la lleva a su descubrimiento sobre la reencarnación de la madre de Victor y su conexión con Jade y los niños. Rebelarse contra esto implica a menudo el efecto contrario: a Boyd le salpican por duplicado todas las consecuencias de sus actos. Sin embargo, hay al menos un personaje que ahora sí parece tener la capacidad de modificar las cosas.
Ese personaje es Jullie, cuya aparición final, aunque inútil por ahora, es una de las escenas que más interés despiertan de toda la temporada. A pesar de no conseguir su propósito, tiene el poder para cambiar ciertos eventos de la historia. En la temporada siguiente seguramente veamos cómo se exploran las posibilidades de dicho poder.
La escena que nos ofrecía esta revelación es en la que lanza la cuerda a Boyd cuando este estaba en el fondo del pozo. Una de las mejores escenas de la tercera. La forma en la que se realiza la conexión con un evento al que parecía faltarle un sentido revela una construcción narrativa cuidada. De modo que, si puede recorrer los eventos pasados, es posible que sea ella la que visite el pueblo en el momento en el que se originó. Allí podría obtener esas respuestas que cerrarían un ciclo de incertidumbres tanto para los personajes como para nosotros.





