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El precio de saberlo todo

«La conversación» de 1974

Hace unos días tuve la gran oportunidad de ver “La conversación” (1974) dirigido por Francis Ford Coppola.

Harry Caul, un experto en vigilancia obsesionado con la privacidad, es contratado por una corporación para grabar a una pareja. Al analizar la grabación, cree que están en peligro de ser asesinados, lo que despierta un conflicto moral. Sin embargo, interpreta mal la conversación y termina siendo testigo indirecto de un asesinato diferente al que esperaba. Finalmente, se hunde en la paranoia al sospechar que él mismo está siendo espiado.

¿Cuál es el dilema ético de “La conversación”?

Harry se jura a sí mismo que se “entromete” en la vida de sus vigilados por trabajo, y durante gran parte del filme es así; no hay ningún tipo de morbo o cotilleo del que disfrute.

Cuando le encomiendan un trabajo de manos de un magnate, empieza sin involucrarse demasiado en el caso, pero poco a poco empieza a entregarse a este. Harry revela que anteriormente ha facilitado asesinatos y pronto entra en un estado de preocupación por la seguridad de sus vigilados.

Coppola plantea un dilema importante para Harry; ¿Dónde se traza la línea entre el profesionalismo y la responsabilidad humana? El director también nos da una pregunta sobre la que reflexionar; ¿Somos responsables de lo que sabemos, incluso cuando no buscamos la información?

La responsabilidad del saber

Por suerte o por desgracia, somos irremediablemente responsables de lo que sabemos. Esto no significa que seamos encargados de ser parte de la solución; tenemos que conocer nuestros límites, pero muchas veces ignoramos lo que está en nuestras manos.

“Saber es poder”: poder de decisión, de ejecución. ¿Es siempre así?, un compañero me dijo “la gente se informa —porque es muy difícil no estar informado— pero decide mirar para otro lado” refiriéndose al ambiente político de Palestina e Israel.

¿Y si trasladamos este tema al mundo actual?

Aquí podemos abordar dos temas; la bendita y maldita globalización, que actualmente nos conecta e inunda con información, incluso cuando no la buscamos, y la capacidad de ignorar que tenemos, debida muchas veces a la distancia y falta de recursos que podemos aportar.

Muchas veces nuestras propias adversidades nos alejan del dolor ajeno, sin embargo, nuestra responsabilidad es proporcional a nuestra información y en la gran mayoría de
casos tenemos más capacidad de cambio de la que reconocemos y por ello, no podemos mirar a otro lado cuando se atenta contra la dignidad de otros u otras.

En conclusión

En “La conversación”, Coppola nos ofrece la posición de voyeurs y de espiados, y nos obliga a obsesionarnos (al igual que Harry) con el distorsionado sonido de una conversación inconclusa.
Nos pregunta, ¿qué deberíamos hacer en la posición de Harry Caul? Y nos regala una reflexión que se puede aplicar de forma eterna en muchas situaciones diferentes.

Después de esa reflexión, Coppola nos advierte de lo que podemos sentir si “miramos para otro lado”: locura, culpa, frustración y sobre todo, un silencio muy difícil de grabar.

Salomé Mejía

Salomé Mejía

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