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Pasión, arte y sanación en los pies de un bailaor

Entrevista a José Montes: Vivir del flamenco

Las danzas españolas son un arte vivo que se respira en todo el mundo y, por supuesto, aún más en España. Tanto en espectáculos para turistas como en la intimidad de los tablaos para los nativos donde pueden ser testigos de un baile sentido y apasionado, el flamenco se convierte en un rasgo de identidad.

Sus músicos, cantaores y bailaores que viven de esta expresión artística y folklórica se presentan en distintos teatros y espacios casi todos los días. Viajan por distintas ciudades e incluso exportan su talento a países lejanos donde sus virtudes son aclamadas. Impresionados por esta pasión que no tiene descanso, junto a Rohen Magazine (antes Cultus Magazine) tuvimos la oportunidad de entrevistar a una joven y consagrada promesa del talento español.

Se presenta en shows todos los meses en Barcelona, baila en distintas localidades de la península e incluso participó de los “Joy Awards 2025” (un gran evento celebrado en Arabia Saudí que galardona a artistas internacionales de la música y el cine. En él se han paseado figuras como Christina Aguilera, Andrea Bocelli y Morgan Freeman.)

Nuestro cálido y sonriente entrevistado es José Montes, y ver su entrega completa cada día nos hizo querer hacerle unas preguntas para adentrarnos un poco más en lo que significa encarnar tanto fervor sobre el escenario.

Imágenes cedidas por José Montes a Rohen Magazine

Pregunta: ¿Cuántos años tenés? ¿A qué edad empezaste?

Respuesta: Tengo 29 años. Empecé con 4, lo típico. Mi madre me apuntó a clases de sevillana en Sevilla porque mi primo bailaba y mi hermana también.
Me gustó desde el primer momento, muchísimo.

P: ¿Qué te hizo elegir el flamenco o la danza? ¿Hubo un momento en el que sentiste que era ‘esto’ y no otra cosa?

R: Siempre me gustó muchísimo el flamenco. Yo elegí la carrera de danza española porque era una persona muy inquieta. Me llamaba la atención el flamenco, el folklore, la bolera, la danza estilizada…
Si bien sé todas, siempre he bailado flamenco.
Ahora me alegro mucho de haber hecho danza española por lo que da su preparación, las horas de clásico, las técnicas, los palillos, las castañuelas, las cañas… Todo conocimiento te enriquece.

P: ¿Qué es lo que más te gusta del flamenco?

R: Una de las cosas que más me gusta es que puedo hacer lo que yo quiera.
Me deja sentirme libre, me puedo expresar como yo quiera.
No pienso nada. Me deja sacar toda esa rabia, todo ese impulso, toda esa ira, ¿no? También la felicidad.
Me ayuda a llegar a puntos en donde, de normal, no me gusta llegar, o me cuesta trabajo llegar.

P: ¿Recordás cómo fue la transición entre bailar por amor y bailar también como modo de vida?

R: Se fue dando sólo que el hecho de trabajar profesionalmente en el flamenco, y se me dio hace 4 o 5 años.
Estudié en el Conservatorio de Danza en Sevilla, en el CAT —un centro de alto rendimiento para bailarines que ya no existe—.
Estaba contemporáneo, clásico y danza española. Yo estudié danza española y el flamenco es una de esas danzas.
Luego de estudiar ahí, dejé de bailar. Hubo un tiempo en donde no quería saber nada, porque la pasé bastante mal. Más tarde lo retomé cuando me dieron media beca en la Fundación Flamenco a través de Cajasol.
Ahí empecé a volver a combinar mi vida con el baile y me especialicé en el flamenco. Eso fue a los 24 años.

P: ¿Hacés shows todos los días?

R: Sí, bailo todos los días, y si bien es un arte, también es un trabajo.
Pero cuando algo te gusta tanto, tanto, tanto, al punto de volverte loco, no te pesa. O te pesa, pero cuando estás en el escenario dices: “toda esta gente ha venido a verme”.
Entonces eso hace que nunca flequee. Eso me inspira, me llena y siempre intento darle al público lo mejor de mí.

P: ¿Y cómo cultivás esa pasión para tenerla disponible siempre?

R: Creo que es gracias a lo que siento muchas veces: entro como en un trance.
El escenario es el momento de desconectar cuando hay un mal día. No te queda otra.
Me ayuda a no pensar. No pienso en problemas o en cosas malas.
Pienso en la conexión con mi compañero, lo que estoy disfrutando, lo que estoy haciendo. En pasármelo bien. En hacer cosas diferentes.

P: Veo que el flamenco tiene mucho de improvisación. ¿Cómo se lidia con eso? ¿Hay algún sentir al que te anclás y que te ayude?

R: Sí, hay muchísima improvisación en el flamenco.
La verdad es que eso va dependiendo de cada persona. Yo, por ejemplo, disfruto de improvisar todo.
Claro que eventualmente surgen algunas pautas, o cosas que de hacerlas tantas veces me salen naturalmente, pero nunca es igual.
Me manejo mucho por la inspiración. Lo que me nace en el momento, es lo que hago.

P: ¿Te inspiras de tus compañeros?

R: Por supuesto que sí. De todos.
Esto es arte, así que me inspiro de su diversidad. Por supuesto no es que a todos nos guste todo. Alguien puede no gustarme y puedo yo no gustarle a alguien, y a eso lo entiendo. Lo respeto, porque al final cada uno siente y le gusta lo que quiere.
Hay muchísima diversidad y respeto por ello.

P: ¿Cómo superás los días o momentos en donde te sentís más inseguro? ¿El escenario te ayuda a sanar o te cuesta más subirte en esos días?

R: Sí, me ayuda a sanar. Es el momento de desconectar cuando hay un mal día. No te queda otra. Además, me ayuda a no pensar. No pienso en problemas o en cosas malas. Pienso en la conexión con mi compañero, lo que estoy disfrutando, lo que estoy haciendo, en pasarmelo bien.
Si algo me genera inseguridad, solo tiro para delante y no lo demuestro mucho (lo cual es un arma de doble filo), pero no paso de ello. Lo trabajo internamente. Es que trato de que la gente no note que me está pasando algo ya que me preocupa que a mi alrededor todos estén bien.
Ante la inseguridad intento armarme de valor y de paciencia, y afrontarlo lo mejor que puedo.
Me apoyo mucho en mis padres y en mis amigos y amigas. Tengo muy buenas amistades.

P: Tenés un estilo distinto. Observé que hay estilos más clásicos y otros más innovadores, como en tu caso. ¿En qué momento sentiste la confianza para empezar a ser tu mismo sobre el escenario?

R: Se me dio muy natural encontrar mi estilo.
Cuando trabajás con gente, te vas fijando. Vas bebiendo de cada estilo, de cada forma de trabajar, de cómo te enseñan.
Bailar más clásico o tradicional siempre se puede hacer. Pero luego, lo que vayas descubriendo de ti, lo vas aplicando.
Siempre sentí la libertad de ser yo mismo en el flamenco, y sobre todo en el tablao.
Nunca trabajé en compañías, donde muchas veces te estipulan ciertas pautas a seguir.
Pero el tablao no. El tablao te da la posibilidad de hacer lo que quieras, siempre que te mantengas un poco ordenado ¿no? (ríe).

P: ¿Qué otras áreas te gustan? Si no te hubieses dedicado a esto, ¿en qué pensás que andarías?

R: Me encanta la fotografía. Me moriré con las ganas de ser fotógrafo profesional.
Es que me gusta todo lo que es el diseño, la ilustración.
Trabajo para otros artistas haciéndoles fotografías, o carteles para sus espectáculos.
Así lo complemento con mi trabajo.
Me gusta mucho el arte en general. Me hubiera dedicado a cualquier cosa relacionada con el arte: fotografía, pintura, diseño…

P: ¿Te imaginaste alguna vez estar donde estás?

R: Soñé con esto.
Sueño y proyecto mucho todo lo que quiero que me pase.
Cada día sueño y pienso mucho en cosas buenas, positivas, en que voy a vivir de esto, si Dios quiere, toda mi vida.
Y no me agobia pensar en el futuro.
He trabajado de tantas otras cosas… De camarero, en una disco, en una cocina de restaurant… Si mañana me pasa lo que sea, se que tengo herramientas y no me da miedo ni me preocupa.
Me gustaría vivir de bailar para siempre, pero si mañana algo me lo impide, por supuesto me daría mucha pena y sufriría, pero estaría tranquilo porque sé que soy capaz de hacer cualquier cosa.

P: ¿Qué le dirías a alguien que espera vivir del arte?

R: Que tenga sueños. Que luche por ello.
Hubo un momento de mi vida en que pensaba que yo no iba a bailar más, y mirá dónde estoy. Bailo todos los días.
Eso me ha hecho pensar como pienso ahora.
Vivo el momento. Tomo todo lo que puedo, viajo todo lo que puedo, cualquier contrato que me sale lo cojo y no desaprovecho oportunidades.
Entonces mi consejo es luchar, soñar… y al final los frutos se irán viendo. Poco a poco. Con paciencia.
Una flor, por más que la riegues, florecerá a su tiempo. La puedes ahogar incluso, y dejará de florecer.
Entonces esto es un camino de hormiguita. Es pasito a pasito.
Y si no llega, es porque no es tu momento o porque estás destinado a hacer otra cosa. Pero llega. Lo que tengas que hacer, te llegará.

José encarnando una versión de él única para cada espectáculo

Observando su convicción, la ilusión en sus ojos y la honestidad en su sonrisa, concluímos que, efectivamente, el amor por la expresión, la entrega al ritmo, la emocionalidad de las melodías flamencas y el zapateo efervescente que enraiza pueden ser suficiente combustible para toda una vida sobre el escenario. 

Es obvio que existen altos y bajos, porque los artistas también son humanos (aunque a veces entre luces y humo parezca que se acercan más a un plano esotérico donde se enciende el espíritu), pero lo bello del baile, de la música y del canto, es poder hacer contacto con el cuerpo y con las emociones haciéndose cargo de ello. Usar todo lo que se siente y transmutarlo para convertirlo en ofrenda a personas que se detienen a apreciar y escuchar.

De esa forma, al terminar el show, todos (artistas y espectadores) sentimos que algo cambió. Y es que la versión de nosotros que llegó es distinta a la que se marchó.

Meli Molina Fracchia

Meli Molina Fracchia

Escritora, actriz y cantante. Escribo sobre arte porque creo que es una forma de transitar el mundo. Nos vuelve más humanos, más divinos y nos acerca un poco a todas esas historias que nos gustaría vivir. Nunca me verán sin mi cuaderno, mi mate y algún gato al lado (mío o prestado).

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