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¿Zombies o infectados?

Crítica: «28 años después» 2025

La nueva película de Danny Boyle y Alex Garland se esfuerza al máximo en que te olvides de los tropos del género con una propuesta tan personal como fresca.

La review en Youtube del fantástico Alejandro G. Calvo empieza abordando el tema más idiosincrático de la saga de Danny Boyle, y es que estas películas no son películas de zombies o por lo menos eso quiere dejar muy claro su autor. Según empieza diciendo el crítico de Sensacine esto llega hasta el extremo que, en las reglas del encuentro entre prensa y el cast quedaba explícitamente prohibido usar el término “zombie”. Y no pude evitar quedarme pensando en esto hasta que días después pude ver la película. Obviamente soy el primero en defender cualquier visión autoral tan personal, por excéntrica que sea, pero no dejaba de pensar, ¿no se está pasando de pedante aquí Boyle? Entiendo la búsqueda de ese elemento diferenciador, pero en ficción el término zombie es uno bastante amplio que nos habla de un tipo de historia que sí encontrábamos en la primera entrega de la saga. 

En 28 días después su comportamiento y funcionamiento eran diferentes, eso está claro, pero su papel en la historia al fin y al cabo se desarrollaba como el de tantas otras historias de zombies. Una infección deja al mundo en un estado apocalíptico en el que la sociedad colapsa y cada individuo se ve obligado a valerse por sí mismo, mostrando las caras más extremas de la naturaleza humana. Esta idea se apoyaba además en las bases que Romero fundaba; los zombies ya no eran producto de magia negra sino de la ciencia, un virus propagado por personas capaz de destruir a todas ellas. Aun así hay que reconocer que la película de Danny Boyle y Alex Garland no era una película de zombies más por mucho que funcionase en lugares comunes al resto. Había un aura diferente. El concepto de la rabia y el salvajismo daba nuevos matices a los tropos de las sociedades zombies. Solo tuvieron que pasar 28 días para que el grupo de militares buscasen usar a las mujeres como mero objeto sexual de alivio, o tal vez ya pensaban así mucho antes, tan solo tuvieron que pasar 28 días para poder violar sin consecuencias. Era diferente y su influencia es clara prueba de ello, pero no dejo de usar el término zombie y de pensar en los mismos tropos, ¿se merece esta nueva película que me olvide de esto?

El tiempo ha visto evolucionar a los infectados en seres más desarrollados. Se introducen zombies que se comportan como un animal salvaje más, limitando su vida a buscar comida entre la tierra. Sin embargo, la amenaza de los infectados nunca es rutinaria. Un elemento clave que introduce esta película es de los alfas. Seres inteligentes en su brutalidad que en vez de buscar alimentarse de cualquier cosa que ven defienden su territorio y su sociedad. Su primera aparición no es directa. Los conocemos primero por lo que se dice de ellos y por las marcas que dejan. Una columna arrancada de un ciervo permanece clavada en un árbol. No ha habido depredación, ni siquiera es un acto salvaje en el término animal de la palabra, estos infectados conocen el miedo y a aquellos que lo padecen. La película de Boyle y Garland ya no deja espacio a la confusión, ahora más que nunca se puede decir con seguridad que no son zombies. 28 años después, desde el punto de vista del espectador se vive como algo totalmente diferente. El hecho de que haya sido tan divisiva creo que en parte se puede deber a que si buscas algo parecido a una historia de zombies aquí no lo vas a encontrar.

El tiempo ha pasado, los días ahora son años y las cosas ya no son iguales. El mundo, o más bien Reino Unido, ya no es apocalíptico. Las comunidades se han reunido en sociedad y viven vidas relativamente normales. Los niños van a clase, los adultos trabajan y las relaciones humanas parecen volver a ser como siempre han sido. Los infectados se han vuelto algo más del día a día, un riesgo a tener en cuenta cuando sales de la seguridad de tu casa pero con el que se sobrevive, lo extraordinario se ha vuelto algo conocido, a veces casi un trámite. 28 años después desarrolla este concepto a través de dos protagonistas, padre e hijo, que viven en una sociedad ideal para el contexto del post-apocalipsis. Si las películas más clásicas del género centraban su subtexto en la sociedad como algo viciado, aquí tenemos en primer plano el tema de las relaciones humanas. A pesar de los horrores las personas intentan seguir conectando las unas con las otras para vivir el día a día. Pese a las amenazas sobrenaturales a menudo el conflicto sigue surgiendo de la complejidad que es tratar con otro ser humano. Esto queda aún mas claro desde la visión de un niño que tan solo vive lo único que ha conocido. Este enfoque es el de la empatía. Sabemos que Reino Unido está aislado en su propia desgracia mientras el mundo sigue. Boyle ha mencionado específicamente conflictos como el Brexit o las guerras de Oriente Medio como referencias que tuvo en el desarrollo de la película. No creo que como tal esta película busque ser explícitamente alegorías de estos, sino que sirve como paralelismo. Ante lo deshumano no solo de los conflictos en sí sino de aquellos que viven ajenos, 28 años después fija la mirada en cómo lo vive el individuo. No hay víctimas y tragedias colectivas, sino nombres y apellidos y sus problemas personales. 

Este enfoque cambia forzosamente el cómo vemos el tema de la muerte y la película sabe exprimirlo al máximo con el personaje interpretado por Ralph Fiennes. Creo que esto hace que 28 años después sea verdaderamente única. Entre momentos que producen un miedo totalmente visceral la obra encuentra momentos emocionales. Ya no es solo la tristeza de la pérdida, sino la amabilidad y el cariño que los personajes encuentran ante la muerte. No podía imaginarme que una película así pudiera y quisiera ser tan positiva. 

Pero la película no solo se diferencia con sus temas, también es personal en el resto de sus frentes. Al fin y al cabo se nota la autoría del director. La cinematografía llama la atención constantemente con un estilo muy agresivo. A veces puede resultar que se limita al efectismo, desde luego encuentra momentos muy lúdicos. Entre tanta emotividad el final es desde luego puro disfrute sin sustancia. Pero no creo que eso esté mal porque también encuentra imágenes muy evocadoras y muy precisas en su composición. Nunca llegó a saturarme. Boyle juega al contraste y a la visceralidad, ya sea desde el corazón o desde la violencia desmedida. La primera película conseguía su impacto con una estética de baja resolución que daba a la violencia un matiz más inmediato y por lo tanto sin filtros, más palpable. En esta entrega no se intenta replicar esta estética, evoluciona con un nuevo enfoque. Aquí la violencia y sus marcas se capturan en todos los ángulos posibles para que nos empapemos aun mas de ella. La sensación de “no poder apartar la mirada” no es sensación, es literalidad.

28 años después me ha convencido totalmente para dejar de pensar en ella como una película de zombies. Nadie sería honesto si, después de haberla visto con atención, siguiese pensando en sus infectados como zombies y en su historia como una más del género. Entiendo que no guste a todo el mundo porque no deja de ser algo muy personal que no se detiene a pensar en sensibilidades. No hablo de eso de “es radical porque no se preocupa en ofenderte”, la película es extremadamente sensible en sus temas y cómo los propone, me refiero en cambio a que la obra tiene una intención muy marcada y solo se preocupa por llevarla a cabo tal y como es sin ningún filtro. No quiero quitar validez a quien no conecte con ella, pero es innegable que 28 años después es de las películas más originales del año.

Mario Cembellín

Mario Cembellín

Licenciado en Literatura, fundador y editor de Rohen. Me apasionan demasiadas cosas como para poder dedicarles el tiempo que querría a cada una. Defensor a ultranza de que no existe arte elevado y no elevado. Plasta número uno en España sobre el sumo.

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